En Argentina nacen 8 mil bebés prematuros por año

Son aquellos que nacen antes de la semana 37 de gestación y representan un verdadero desafío para los sistemas de salud. Este año, durante la Semana del Prematuro que comienza hoy y se extiende hasta el 17/11, se eligió el tema ‘Prevención de la prematurez’, para poner el foco en mensajes de concientización y educación.

Por Dr. Daniel Cassola

En Argentina, de acuerdo con datos de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), 8.078 bebés, el 1,1 por ciento del total de recién nacidos, nacen antes de término con un peso menor a 1500 gramos. La mayoría de estos niños requerirá de largos períodos de recuperación y plazos de seguimiento extensos que incluyen cuidados especializados, controles y atención de todas sus necesidades, entre ellas las nutricionales, algo que resulta clave durante los primeros años de vida para garantizar un adecuado desarrollo neuronal.

Del 12 al 17 de noviembre por iniciativa de UNICEF, a la que adhieren las sociedades científicas más importantes del mundo, se conmemora la Semana Internacional del Prematuro. Este año se promueve hacer especial hincapié en el primero de los derechos incluidos en el Decálogo del Prematuro, que es el derecho a la prevención de la prematurez. Es así que se busca favorecer los controles prenatales, detectar en forma temprana enfermedades de la mamá que puedan predisponer un nacimiento prematuro y contar con centros capacitados y personal entrenado para atender estos cuadros de alto riesgo.

“Los niños prematuros no pudieron completar su desarrollo en el útero materno, lo que los convierte en niños vulnerables en comparación con otros que nacen a término. Particularmente, aquellos que nacen con 32 o menos semanas de gestación o con un peso inferior a los 1.500 gramos, son considerados de alto riesgo y generalmente presentan inmadurez no solo en sus pulmones sino en todos los órganos”, sostuvo Cristina Osio, neonatóloga pediatra, jefa de Neonatología del Sanatorio Otamendi.

“Entre los principales síntomas que pueden presentar estos niños se encuentran anemia, infecciones, bajo nivel de azúcar en sangre, dificultades respiratorias y gastrointestinales, además de algún tipo de hemorragias internas. Los mayores riesgos están dados por secuelas como alteraciones neurosensoriales, autismo, trastornos de déficit de atención (con o sin hiperactividad) y, en la edad adulta, una mayor predisposición a presentar obesidad y diabetes”, completó Carmen Vecchiarelli, neonatóloga pediátrica, subjefa del Servicio de Neonatología del mismo centro asistencial.

Hoy se sabe que los primeros 1000 días, que van desde la gestación hasta los dos años de vida, son vitales para que el bebé alcance su máximo potencial de desarrollo y salud en el futuro. En el caso de los prematuros, deben implementarse medidas específicas para asegurar que en esa etapa reciban todos los cuidados necesarios y, en este sentido, es fundamental atender las necesidades nutricionales de estos niños que suelen presentar diversos grados de desnutrición al momento del alta, al igual que una óptima estimulación motriz y cognitiva.

“Sin lugar a dudas, la leche materna es la mejor alimentación para un bebé prematuro, ya que le confiere protección inmunológica, además de favorecer el vínculo emocional con su madre”, afirmó Osio. No obstante, marcó que “en situaciones puntuales donde la lactancia esté médicamente contraindicada o no exista provisión de leche de un Banco de Leche Humana, pueden utilizarse fórmulas infantiles especialmente diseñadas para los niños prematuros”. Son productos cubiertos al 100 por ciento por ley.

Para prevenir el riesgo de tener un bebé prematuro, es indispensable que la madre realice los controles antes y durante el embarazo. De esa forma, se podrá saber si existen factores de riesgo o si la mamá es portadora de alguna enfermedad infecciosa (HIV/sida, hepatitis o sífilis, entre otras) y de esa forma indicar tratamientos y profilaxis.

Por otra parte, el riesgo de tener un hijo prematuro es mayor si la mamá es adolescente, tuvo muchos partos seguidos, está anémica o desnutrida, fuma, consume drogas o alcohol, realiza mucha actividad física o su trabajo le implica mucho esfuerzo corporal. También se da con mayor frecuencia en las madres de edad avanzada, en especial aquellas que acceden a la maternidad tardía mediante técnicas de fertilización asistida y en los casos de embarazos múltiples.

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