¿Está agotado el modelo?

 

Lavagna

Lavagna fue el primer ministro de Economía del modelo.

Por Dr. Daniel Cassola

Existen en la historia muchos ejemplos de modelos populistas. Hay diferentes variantes tanto políticas como económicas pero hay algunas cuestiones que suelen mantenerse.

Bien podría decirse que un modelo populista, en materia de política económica, se caracteriza por dos cuestiones: la expansión del consumo y del gasto público.

En el inicio del ciclo, mientras la inflación se mantiene en niveles moderados, la población disfruta de una mejora en sus ingresos reales. A su vez, se da un alza del empleo y, por el mismo consumo, de la actividad económica en general.

O sea, mediante el gasto público se impulsa el consumo popular, lo que da una suerte de patada de arranque a la maquinaria económica. Hasta aquí todo funciona bien. Lo que sucede es que a largo plazo el modelo no es sustentable.

Los límites se hacen visibles y palpables cuando la inflación se acelera, los salarios reales se deterioran y caen tanto la producción como el empleo.

Según el último estudio del Instituto de Desarrollo Social de Argentina (IDESA), el punto de saturación del modelo se produce justamente en el corriente año 2014.

Según datos oficiales del INDEC, matizados con los que emite el Congreso Nacional, se pueden observar tres períodos diferentes en los últimos años.

Entre los años 2003 y 2008, los salarios crecieron un 23 por ciento al año mientras que la inflación tuvo una tasa ascendente del 14 por ciento anual. Recordemos que veníamos de índices de pobreza que superaban el 60 por ciento y de indigencia que estaban por arriba de los 25 puntos. Se dio, entonces, un incremento fuerte del consumo luego de una de las peores crisis económicas de la historia argentina.

El segundo período que se analiza va desde el año 2008 al año 2013. En este lustro el salario formal creció un 26 por ciento mientras que la inflación le pisó los talones al subir al 24 por ciento por año.

El quiebre se produce a partir de 2014, cuando los salarios en promedio subirán un 31 por ciento mientras que la inflación va a rondar los 40.

El estudio de IDESA que citamos plantea que el progreso social se logra a partir de reglas institucionales que promueven la inversión y la productividad. Las políticas que inducen salarios por encima de la productividad y aumento del gasto por encima de los ingresos, permiten mejoras transitorias pero no sustentables.

Según este punto de vista, esta variante del populismo ya estaría terminada. Entonces, si el modelo se agotó, ¿Ahora qué?

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