Las carencias de la tercera edad
Por Dr. Daniel Cassola
Los adultos mayores en Argentina son más de seis millones, más del 15 por ciento de la población. Gran parte de ellos informó carencias habitacionales, enfermedades graves o crónicas, difícil acceso a la salud y haberes jubilatorios mínimos, según lo revelado en un informe presentado recientemente por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) y la Fundación Navarro Viola.
«Hay muchas vejeces: las personas tienen necesidades, capacidades y trayectorias de vida muy diferentes. Buscamos repensar cuáles son sus recursos y expectativas para entenderlos en toda su dimensión», expresó Inés Castro Almeyra, directora ejecutiva de la Fundación Navarro Viola.
De los encuestados, el 21,1% se consideró pobre y con deficiencias en cuanto a seguridad social, alimentación y trabajo, mientras que el 23,9% afirmó tener bastantes problemas de salud o alguna enfermedad crónica o grave. Esta última cifra es similar al malestar psicológico, que se presenta mediante la depresión o ansiedad y afecta al 23,6% de esta población. En este grupo se observó una falta de planificación de proyectos personales a futuro y la “dificultad para pensar proyectos más allá del día a día”, un trastorno que afecta a una de cada cuatro personas mayores.
Según los datos de la UCA, existen falencias en cuanto a la sociabilización y la recreación: el 31,4% no tiene amigos íntimos, el 75,2% no participa de actividades recreativas, el 89,5% no concurre a clubes o centros de jubilados y el 42,3% piensa que sus conocimientos no son valorados como lo cree merecer. En tanto, otro de los puntos flojos es el de la actividad física: el 71,1 % registra déficits en este sentido, la mayoría supera los 75 años.
El informe resaltó que, en este contexto, la educación es un factor determinante porque quienes terminaron el secundario y la universidad «disfrutan de una mejor vejez en todo lo relacionado con su salud», respecto de quienes no terminaron la escuela. Sin embargo, la buena noticia es que el 80% de este grupo no manifestó sentimientos de infelicidad a pesar de reconocer que su bienestar físico pueda estar comprometido.
A pesar de que el 90,8% recibe jubilación o pensión, el 40% aseguró que su ingreso mensual no le alcanza para vivir y por eso, más del 60% mostró condiciones habitacionales inadecuadas, con malas condiciones sanitarias, hacinamiento o régimen de tenencia irregular. «Aunque cobren jubilación, la tienen que compartir con una casa que es grande y tiene otros ingresos muy precarios», dijo Enrique Amadasi, coordinador del Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores. Los hogares con personas mayores fueron más visibles en los estratos medios y menos frecuentes en villas o asentamientos precarios.
«Cuando se mejora lo económico, todos los otros indicadores de déficit caen a la mitad», aseguró Amadasi, quién no quiso dejar de lado que la segunda necesidad más insatisfecha fue la recreativa.
Garantizar un ingreso digno para la tercera edad debería ser entonces el pilar de una política que apunte a la inclusión de un sector cada vez más vasto de la población.
nclusión de un sector cada vez más vasto de la población.
