Las enfermedades transmitidas por animales avanzan hacia nuevas regiones y preocupan a la salud pública
Por Redacción Curar con Opinión
La propagación de enfermedades transmitidas por animales avanza hacia zonas donde antes no estaban presentes y se consolida como un desafío sanitario de escala global y nacional. Un informe reciente de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) advierte que casi la mitad de estas patologías representan una amenaza directa para las personas, mientras que el cambio climático y la degradación ambiental actúan como motores de su expansión.
La evidencia científica confirma esta tendencia. Un estudio publicado en 2022 en Science Advances concluyó que cerca del 9 % de la superficie terrestre ya enfrenta riesgo alto o muy alto de brotes zoonóticos relacionados con factores climáticos. Regiones previamente libres de estas enfermedades ahora se convierten en entornos propicios para su transmisión, lo que multiplica el riesgo de nuevas pandemias.
El impacto no solo se mide en términos de salud. La OMSA señala que más del 20 % de las pérdidas globales en la producción de alimentos tienen origen en enfermedades animales. En Argentina, la Cámara Argentina de la Industria de Productos Veterinarios estima que las pérdidas anuales rondan los 60.000 millones de pesos, afectando la disponibilidad de proteínas de calidad y la seguridad alimentaria. Para el infectólogo Francisco Nacinovich, la prevención debe ser tratada como una política pública central, porque involucra tanto la salud como la economía.
La dimensión sanitaria es igualmente alarmante. Según la Organización Mundial de la Salud, el 60 % de las enfermedades infecciosas humanas provienen de animales y tres de cada cuatro patologías emergentes son zoonóticas. En Argentina, especialistas como Tomás Orduna recuerdan que persiste el riesgo de rabia en murciélagos, que la leptospirosis se mantiene como una amenaza urbana y que la leishmaniasis visceral canina ya afecta a nueve provincias, con potencial mortalidad para humanos.
El cambio climático exacerba la situación. La deforestación, el uso intensivo del agua y la urbanización no planificada desplazan a especies portadoras hacia entornos humanos. Esto ya se refleja en el aumento de enfermedades como dengue, zika o chikungunya. De hecho, en 2023 se registraron más de 4,1 millones de casos de dengue en América, y las proyecciones indican que hacia 2080 habrá más de 2.000 millones de personas en riesgo.
Frente a este panorama, organismos internacionales impulsan el enfoque “Una Salud”, que integra la protección de la salud humana, animal y ambiental en una sola estrategia. La clave está en reforzar la vigilancia, promover la vacunación y reducir el uso indiscriminado de antibióticos para frenar la resistencia antimicrobiana, que ya provoca 700.000 muertes anuales en el mundo. Como resume Nacinovich, la articulación entre medicina, veterinaria y gestión ambiental será decisiva para anticipar los brotes y proteger a las comunidades en un escenario cada vez más complejo.
