Los argentinos consumen un 60 % más de azúcares agregados que lo que es recomendable
Los adolescentes y los grupos socialmente vulnerables son quienes presentan un mayor consumo.
Por Dr. Daniel Cassola
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la ingesta de azúcares libres sea menor al 10% de la ingesta calórica total, lo que equivale a 50 gramos de azúcares para una ingesta diaria de 2000 Kcal.
La OMS señala que habría un beneficio adicional sobre la salud si este consumo fuera menor al 5% de la ingesta calórica total. Sin embargo, en Argentina, el consumo de azúcares añadidos es el más alto de la región, con una ingesta promedio de 90,4 g/día, lo que representa el 15,9% de la ingesta calórica total. Esto implica que en el país se consume cerca de un 60% más de azúcares añadidos que lo recomendado, según el Estudio Latino Americano de Nutrición y Salud (ELANS).
En Argentina, las principales fuentes de azúcares añadidos son las gaseosas (26,9%) y las infusiones, principalmente el mate dulce (23,8%). Les siguen los panificados, como el pan, galletitas y facturas, que aportan un 15,4%, y los jugos listos para preparar, con un 12%. Resulta preocupante que el 78,8% de la población no cumpla con la recomendación de la OMS de no exceder el 10% de la ingesta calórica con azúcares libres, y que el 94,4% no cumpla con la recomendación condicional de no exceder el 5%.
Brian Cavagnari, doctor en Ciencias Biológicas, afirma que “reducir el consumo de azúcares añadidos en la dieta parecería ser una buena estrategia para colaborar con la lucha contra las enfermedades crónicas no transmisibles. Lo que dificulta cumplir con estas recomendaciones de salud es que los consumidores prefieren y eligen los sabores dulces.”
Los azúcares están presentes de forma natural en frutas, verduras y productos lácteos. Además, se añaden habitualmente azúcares a los alimentos, tanto por su poder endulzante como por sus otras funciones, como la de dar textura a un bizcochuelo o actuar como conservante natural en una mermelada. Se puede distinguir entre “azúcares intrínsecos”, aquellos incorporados en la estructura de frutas y verduras enteras, y “azúcares libres”, que son los presentes naturalmente en la miel y en los jugos de frutas. Dentro de los azúcares libres, están los llamados “azúcares añadidos”, que se agregan a los alimentos y bebidas por el fabricante, el cocinero o el consumidor como azúcar de mesa, azúcar moreno, jarabe de maíz, entre otros.
Hasta la fecha, no hay evidencia de que el consumo de azúcares intrínsecos tenga algún efecto adverso sobre la salud. De hecho, se recomienda incrementar la ingesta de frutas y verduras frescas enteras. “Como contrapartida, un consumo excesivo de azúcares libres aumenta la densidad calórica e incrementa el riesgo de obesidad y de enfermedades cardiometabólicas. Un alto consumo de azúcares libres también se asocia con una menor calidad de dieta y con un mayor riesgo de caries”, agregó Cavagnari, quien es investigador de la Red Latinoamericana de Investigación en Alimentación y Nutrición (RedLIAN).
Los edulcorantes no calóricos son una alternativa al azúcar para quienes prefieren los alimentos y bebidas dulces, ya que se pueden agregar a los mismos en reemplazo de los azúcares, permitiendo así una reducción calórica y una disminución del contenido de azúcares añadidos, conservando el dulzor.
En Argentina, el 41,7% de la población (entre 15 y 65 años) consume edulcorantes. A diferencia del consumo de azúcares, la proporción de consumidores de edulcorantes aumenta con la edad. Los refrescos constituyen la principal fuente de consumo.
“Si se toma en conjunto el excesivo consumo de azúcares añadidos y lo lejos de la IDA que está el consumo de edulcorantes en el país, se puede inferir que existe una ventana de oportunidad para la reformulación de productos azucarados con el fin de disminuir el consumo de azúcares libres en la población, mientras acostumbramos el paladar a sabores menos dulces”, concluyó el especialista.
