Los que más ponen el cuerpo en la pandemia, por ahora, son los médicos y trabajadores de la salud


El porcentaje de profesionales y trabajadores de la salud contagiados con Covid-19 en Argentina es mayor que en países con muchos más casos. Los materiales necesarios para la seguridad se consiguen a precios exorbitantes o directamente faltan.

Por Dr. Daniel Cassola

El 14 por ciento de los poco más de 3 mil casos confirmados en Argentina corresponde a trabajadores de la salud. Desde el inicio de la pandemia ha habido brotes internos en clínicas privadas y hospitales públicos. En Italia, para trazar una comparación, que es uno de los centros de la enfermedad y vivió días de horror, el porcentaje de personal contagiado es del 11 por ciento.

Por ahora la pandemia en Argentina parece leve. Hay pocos contagios y fallecidos, más allá del dolor que significa la muerte de alguien por esta o cualquier otra enfermedad. Si lo vemos comparativamente hay una brecha entre Italia, España y Estados Unidos y los demás países. En la región, Brasil está cerca de los 3 mil muertos, Ecuador superó los mil y Perú los 500.

Todas situaciones más apremiantes, aunque en diferente grado, que la que se vive aquí. Sin embargo, el alto porcentaje de trabajadores hospitalarios contagiados nos indica que hay fallas en las maneras en las que se está trabajando. ¿Qué pasaría si llega en algún momento el tan mencionado pico de casos? ¿Cuántos trabajadores de la salud se contagiarían?

Detrás de tanto médico y trabajador contagiado pueden haber dos factores. El primero puede ser un problema de información y organización. A más de 50 días de la confirmación del primer caso en el país esto ya debería estar superado. Todos deberían saber contra qué se enfrentan y cómo proceder.

El segundo factor, y seguramente el de más peso para explicar la cantidad de contagios, es la falta de materiales necesarios para trabajar en condiciones de seguridad. Si sacamos a las clínicas de los prepagos ABC1 que se concentran en la Ciudad de Buenos Aires y los mejores barrios del conurbano, el resto del sistema de salud está en una situación, al menos, preocupante.

Los materiales no se consiguen o se consiguen a un precio que es imposible. No parecen haber habido tantos esfuerzos para controlar el precio de los insumos como barbijos, alcohol, camisolines, mamelucos, guantes, máscaras, entre otros. Incluso en el sector público se nota un alto grado de improvisación. Según un informe publicado ayer en el diario La Nación hay muchas quejas en los hospitales bonaerenses porque mandaron cajas con equipamiento que no es para la salud. Si bien en la ciudad de La Plata los hospitales estarían bien provistos, en el conurbano más profundo hay faltantes de todo. Según dicen los médicos llegaron barbijos que se utilizan en la industria alimenticia o para tareas como el pulido de superficies. También cuentan con camisolines que no cierran en los puños y máscaras que no tapan toda la cara porque fueron diseñadas con otros fines.

Lo mismo sucede en los hospitales del sector público porteño. Por casos confirmados o sospechosos de Covid-19 cerraron servicios de los hospitales Tornú, Zubizarreta, Fernández, Santojanni y Ramos Mejía. Ayer se viralizó una carta de una médica del Hospital Tornú, Laura Cortés, que, en su parte más dramática, cuenta: “Para nosotros no hay barbijos, no hay camisolines, no hay máscaras, no hay escenarios seguros de trabajo, no hay tests, no hay paz”. “Los políticos, ministros, asesores, gremialistas hablan, hablan, hablan. Mientras tanto los trabajadores de la salud sufrimos, nos enfermamos, tenemos miedo, empezamos a morir”, añade la profesional médica.

Para trabajar con seguridad bastaría con que los profesionales y trabajadores de la salud cuenten con un mameluco con escafandra, que también los hay reutilizables. ¿En más de 50 días no se podría haber organizado la producción y distribución de este tipo de elementos? Los pocos casos que afortunadamente hay quizás nos den la oportunidad de empezar a hacer las cosas bien.

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