Mosquito “reloaded”
Nuestro sistema de salud enfrenta hoy mosquitos recargados. Mientras nuestras preocupaciones se centraban en obtener nuevos hospitales y sofisticadas tecnologías para diagnóstico y tratamiento, no percibimos el vuelo del Aedes aegypti, mosquito urbano vector de dos enfermedades contagiosas mortales: el dengue y la fiebre amarilla. El Anopheles, responsable de la malaria, son hoy las mayores amenazas a la salud pública.
Cada año, entre 50 y 100 millones de personas contraen dengue en el mundo: 500 mil padecen la versión más grave, la hemorrágica, y unas 22 mil mueren. Además, hay unos 500 mil casos de malaria y 200 mil de fiebre amarilla. La Organización Mundial de la Salud advierte por la amenaza global de ese minúsculo terrorista que no es detectado por radares ni fronteras.
Los mosquitos no responden a la hipertrofia de nuestro sistema de salud ni a su impresionante aparataje. No tienen obra social ni prepaga, ni están incluidos en el Programa Médico Obligatorio (PMO). No respetan límites municipales, ni provinciales, ni nacionales. Incluso confunden a los medios, que describen el dengue como una enfermedad de la pobreza. El mosquito pica a todos por igual. Si mueren más los pobres que los ricos, es por falta de acceso al tratamiento oportuno y adecuado.
En los últimos cincuenta años, la incidencia del dengue aumentó treinta veces. En al menos cien países es una endemia. En Ecuador se evalúa combatirlo con un poderoso biolarvicida cuyas consecuencias ambientales son inconmensurables. La compañía británica Oxitec fue más lejos y creó mosquitos genéticamente modificados para matar al resto de su especie.
Pero no se combate al mosquito con alta tecnología, como cyborgs, guerra química o cuerpos de elite con supertomógrafos helicoidales multicorte. Lo más efectivo es la antigua estrategia higienista, casa por casa, con información, eliminando cacharros y focos donde pueda haber larvas, y rociando con veneno.
Tenemos en el país el mejor ejemplo en la lucha contra el mosquito. En 1945, el doctor Carlos Alvarado creó el LAMI, servicio de lucha antimosquito integral. En dos años de trabajo redujo una incidencia de 300 mil casos de paludismo a sólo 137 casos en una zona endémica de un millón de kilómetros cuadrados. Alvarado descubrió que se podía combatir al mosquito diez meses al año, centrándose en la eliminación del alga Spirogirae, relacionada con las larvas del Anopheles. Vencido el Anopheles, se concentró en el Aedes. La técnica era muy simple: inspectores domiciliarios preparaban una suspensión de DDT en petróleo y con ella trataban charcos, lagunas, fuentes y desagües. Un control sistemático le permitió eliminar el mosquito.
El “hombre de la gotita” entrenó a un agente sanitario cada 4 mil habitantes. Controló las enfermedades y se convirtió en “héroe sanitario panamericano”. Poco se innovó sobre el método de Alvarado, pero lo abandonamos. Los mosquitos y las vinchucas festejan cada año al verificar que se abandonan las estrategias comunitarias para el control de vectores. Mientras nos deslumbremos con hospitales high tech y robots que operan próstatas, ellos continuarán avanzando. No es justo echarle la culpa del retroceso sanitario sólo a las autoridades. Incluso, si tuvieran clara la prioridad, mejorar la prevención y el control no suelen tener impacto positivo en la opinión pública. Con muy pocos recursos se habría podido implantar un LAMI, se habría fortalecido la logística para que las muestras de sangre llegaran rápido al Instituto Maiztegui o al Malbrán y los resultados de diagnóstico estuvieran disponibles en pocas horas. Esto habría permitido disponer de una sola cifra oficial de incidencia. Se habría podido proveer de insecticidas y reponer los “vencidos”. Habría sobrado para adquirir equipos de rociado, que en los últimos años pedimos a Paraguay. La salud colectiva no es un tema que preocupó a los sectores medios y altos de la Argentina durante los últimos treinta años. Hizo falta esta lamentable insurrección del mosquito para recordarnos que la salud no es sólo el sistema. Época (Corrientes)
