La obesidad continúa avanzando en Argentina y ya alcanza a casi el 40% de la población adulta, según el World Obesity Atlas 2025. El dato equivale a 4 de cada 10 personas y confirma una tendencia creciente que también impacta en niños y adolescentes: el 20,4% de quienes tienen entre 5 y 17 años presentan esta enfermedad, de acuerdo con cifras oficiales.
Por Dr. Daniel Cassola
Lejos de ser una cuestión estética, la obesidad es una patología crónica y progresiva que incrementa el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad cardiovascular, alteraciones en los lípidos y enfermedad hepática grasa. Sin embargo, uno de los problemas más importantes es el subdiagnóstico. En una campaña realizada en 2025 por el Hospital de Clínicas, más de la mitad de las personas que fueron identificadas con obesidad afirmaron que nunca habían recibido un diagnóstico formal ni se consideraban afectadas.
El relevamiento también mostró una alta carga de enfermedades asociadas. Entre quienes participaron, el 36,5% presentaba hipertensión, el 13,5% diabetes, el 14,9% dislipidemia y el 22,3% hígado graso. Además, tres de cada diez tenían al menos dos comorbilidades cardiometabólicas simultáneas.
A este escenario se suma otro factor clave: el sueño. Más de la mitad de las personas con obesidad padece trastornos del descanso, en una relación que los especialistas describen como bidireccional. Dormir mal favorece el aumento de peso, y el exceso de peso, a su vez, deteriora la calidad del sueño.
El doctor Facundo Nogueira, jefe del Laboratorio del Sueño del Hospital de Clínicas, explica que la falta de descanso altera los mecanismos hormonales que regulan el apetito y la saciedad, lo que puede llevar a una mayor ingesta calórica y a elecciones alimentarias menos saludables. A la vez, el cansancio persistente reduce la motivación para realizar actividad física y aumenta el sedentarismo.
Uno de los trastornos más frecuentes es la apnea obstructiva del sueño. Estudios internacionales indican que cerca del 70% de las personas con apnea tienen sobrepeso y que más de la mitad de quienes viven con obesidad presentan este cuadro. En candidatos a cirugía bariátrica, la prevalencia supera el 85%.
El mecanismo es claro: la acumulación de tejido graso en el cuello y la garganta estrecha la vía aérea. Durante el sueño, cuando los músculos se relajan, puede producirse el colapso parcial o total del paso del aire. Primero aparece el ronquido; luego, pausas respiratorias repetidas que fragmentan el descanso y elevan el riesgo cardiovascular.
Los especialistas subrayan que entre el 40% y el 70% de los casos pueden tener un componente genético, pero su expresión depende del entorno y del estilo de vida. Por eso, el tratamiento requiere estrategias sostenidas que incluyan alimentación equilibrada, actividad física, descanso adecuado y acompañamiento profesional.









