Ola polar: el frío extremo aumenta el riesgo cardiovascular
El invierno ha llegado con una intensidad notable y, junto con él, las olas polares que están afectando a buena parte del país. Las temperaturas extremadamente bajas no solo son incómodas y potencialmente peligrosas por causas evidentes como la hipotermia, sino que también representan una amenaza menos visible pero igualmente seria: el incremento de los eventos cardiovasculares.
Por Dr. Daniel Cassola
Durante los meses más fríos, los hospitales suelen registrar un aumento significativo en las consultas e internaciones relacionadas con problemas cardíacos, especialmente en los días en los que el frío alcanza niveles extremos. A nivel fisiológico, el cuerpo humano reacciona de manera inmediata al descenso brusco de temperatura. El sistema circulatorio es uno de los primeros en activarse ante la necesidad de conservar el calor corporal.
Esta respuesta natural, aunque esencial, implica una serie de cambios que pueden comprometer la salud cardiovascular, sobre todo en personas con factores de riesgo preexistentes. Las bajas temperaturas provocan una contracción de los vasos sanguíneos —fenómeno conocido como vasoconstricción— que si bien ayuda a conservar el calor, incrementa la presión arterial y obliga al corazón a trabajar con mayor intensidad.
Este esfuerzo extra por parte del corazón no es inocuo. La vasoconstricción, combinada con un aumento del ritmo cardíaco (taquicardia), puede desencadenar complicaciones en quienes padecen hipertensión, arritmias o enfermedad coronaria. Además, el frío afecta negativamente las defensas del organismo, aumentando la susceptibilidad a infecciones virales o bacterianas. Estas infecciones, a su vez, pueden convertirse en un factor desestabilizante para quienes tienen enfermedades cardiovasculares crónicas, generando un círculo vicioso de alto riesgo.
El Dr. Miguel Gonzalez, jefe de Cardiología e Investigación del Sanatorio Finochietto, destaca la correlación directa entre las bajas temperaturas y la aparición de complicaciones cardíacas. “Durante el invierno y los extremos de baja temperatura se ha observado un incremento del riesgo de eventos cardiovasculares”, explica. En comparación con el calor extremo, el frío parece tener una relación más directa con el desencadenamiento de estos eventos, en especial infartos de miocardio, accidentes cerebrovasculares y paros cardíacos.
Una de las poblaciones más afectadas por este fenómeno son los adultos mayores. Incluso aquellos que llevan una vida saludable no están exentos de riesgos, ya que con el paso de los años, el cuerpo pierde eficiencia para regular su temperatura interna. “La edad es un factor de riesgo importante”, remarca el Dr. Gonzalez. “La respuesta cardiovascular ante el frío puede ser más débil o exagerada, y las personas mayores suelen presentar más factores de riesgo y menores defensas ante agentes infecciosos”, agrega. En consecuencia, el invierno se convierte en una temporada particularmente delicada para este grupo.
Frente a este escenario, es vital adoptar medidas de prevención. Abrigarse adecuadamente es apenas el primer paso. También se recomienda evitar los cambios bruscos de temperatura, sobre todo al salir de ambientes calefaccionados sin protección térmica suficiente. Mantener una alimentación equilibrada y nutritiva es otro pilar esencial, ya que el cuerpo necesita energía constante para enfrentar el frío. La actividad física moderada, incluso en interiores, contribuye a mantener en forma el sistema cardiovascular.
El cumplimiento del tratamiento médico es otro punto crucial. Las personas con hipertensión, colesterol elevado o que toman anticoagulantes deben seguir sus tratamientos sin interrupciones y consultar con su médico ante cualquier duda sobre las dosis. Automedicarse puede ser especialmente peligroso durante esta época. Del mismo modo, es recomendable evitar hábitos nocivos como el tabaquismo o el estrés excesivo, que pueden agravar aún más la presión sobre el corazón.
No debe pasarse por alto la importancia de las vacunas estacionales. Tanto la antigripal como la antineumocócica tienen un rol preventivo directo sobre la salud cardiovascular, ya que infecciones como la gripe pueden precipitar eventos cardíacos graves. En Argentina, estas vacunas están disponibles gratuitamente para personas mayores de 65 años y para quienes padecen enfermedades cardiovasculares, respiratorias o sistémicas. La vacunación oportuna puede evitar infecciones o reducir su gravedad, actuando como una verdadera barrera de contención en los meses de invierno.
Cada año, entre junio y agosto, los centros de salud detectan un aumento tangible en los ingresos por causas cardiovasculares, una tendencia que se repite con cada ola polar. Según el Dr. Gonzalez, este incremento se debe tanto a infartos como a descompensaciones en pacientes con insuficiencia cardíaca o hipertensión. Aunque el sistema sanitario está preparado para enfrentar estos picos estacionales, la prevención sigue siendo la herramienta más poderosa para disminuir la carga asistencial y, sobre todo, salvar vidas.
