Reaparición del gusano “come-carne”: un viejo enemigo siembra alarma en EE.UU. y México

El gusano barrenador del Nuevo Mundo, conocido popularmente como “gusano come-carne”, ha reaparecido con fuerza en los últimos meses, encendiendo las alarmas tanto en Estados Unidos como en México.

Por Dr. Daniel Cassola

Se trata de la larva de una mosca que, al depositar sus huevos en heridas abiertas o zonas húmedas de la piel, da origen a una infestación llamada miasis. Una vez dentro del organismo, las larvas perforan el tejido vivo en espiral, destruyéndolo mientras avanzan. El proceso provoca dolor intenso, inflamación, supuración e incluso sensación de movimiento bajo la piel, con consecuencias graves si no se atiende de manera oportuna.

El hallazgo que generó mayor alarma ocurrió a inicios de agosto, cuando se confirmó en Maryland el primer caso humano en años dentro de Estados Unidos. El paciente, que había regresado de Centroamérica, presentó larvas en su cuerpo que fueron identificadas como del gusano barrenador. El episodio encendió las alarmas sanitarias, aunque las autoridades señalaron que se trataba de un caso aislado y que el riesgo para la población en general es bajo. Aun así, la noticia fue suficiente para que se reforzaran los sistemas de vigilancia y detección temprana, debido a los antecedentes históricos de esta plaga y a su facilidad de propagación.

La situación es especialmente delicada en México, donde desde finales de 2024 se han reportado brotes en el sur del país, particularmente en Chiapas. El gusano afecta principalmente al ganado, generando pérdidas millonarias por la muerte de animales, la disminución en la producción de carne y leche, y los elevados costos veterinarios. El contrabando de reses ha sido un factor clave en la dispersión del parásito, pues facilita que animales infestados crucen fronteras sin controles sanitarios adecuados. Estudios de modelación estiman que la plaga puede avanzar más de un kilómetro y medio por día, lo que representa una amenaza concreta para la industria ganadera mexicana y para los estados fronterizos de Estados Unidos.

Frente a este escenario, ambos países han puesto en marcha planes de contención. En México se han instalado puntos de inspección sanitaria, se aplican larvicidas y se han intensificado los controles en zonas rurales. En paralelo, se trabaja con una de las estrategias más efectivas en el control del gusano barrenador: la liberación masiva de moscas estériles. Este método biológico busca romper el ciclo reproductivo del parásito, reduciendo paulatinamente la población. Para ello se planea construir una planta de producción en Chiapas y un centro de distribución en Texas, con el fin de extender la estrategia en las regiones más vulnerables.

El impacto económico de una expansión sin control sería devastador. En Texas, por ejemplo, se calculan pérdidas potenciales de hasta 1.800 millones de dólares solo por mortandad de ganado y gastos de tratamiento. A nivel comercial, las exportaciones mexicanas ya se han visto afectadas, pues Estados Unidos suspendió temporalmente la importación de reses desde ciertas regiones. Este golpe reconfigura por completo la industria, obligando a los productores a invertir en protocolos de bioseguridad más estrictos y a depender de la respuesta coordinada entre autoridades locales e internacionales.

Más allá de la ganadería, los especialistas insisten en que la población en general debe conocer las medidas básicas de prevención. Mantener las heridas limpias, desinfectadas y cubiertas, usar repelentes y ropa protectora en zonas rurales, y garantizar la higiene en los hogares son recomendaciones simples pero efectivas para evitar la proliferación de moscas que puedan transmitir las larvas. Aunque el riesgo de infestación humana es bajo, los casos registrados en distintos países de América Latina y el reciente episodio en Estados Unidos demuestran que no es un escenario imposible.

La reaparición del gusano barrenador demuestra la fragilidad de los logros sanitarios en materia de erradicación de plagas. Tras décadas de éxito en la eliminación del parásito en América del Norte, su retorno pone de relieve los desafíos de la globalización, la migración de personas y animales, y las debilidades en los sistemas de control fronterizo. El gusano come-carne no solo es un problema veterinario, sino un recordatorio de que la salud humana, animal y ambiental están profundamente interconectadas.

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