Aunque los problemas acechen, el ser farmacéutico seguirá siendo una pasión. Los problemas diarios no deben ocultar que somos eslabón fundamental del sistema sanitario, y que aportamos con nuestro esfuerzo para que la gente tenga más salud. Más allá de los problemas, es hora de renovar el compromiso y trabajar juntos por un mejor 2014.
“Sin farmacéutico no hay farmacia”. El cartel se pudo ver en varias ocasiones, durante el duro 2013 que vivió el sector en la Argentina. Pocas frases resumen mejor un sentimiento que muchas veces queda olvidado, por las exigencias diarias y las penurias urgentes. Pero es cierto, sin el profesional que le da vida y cuerpo, la farmacia burocrática de nuestros días es un mostrador, no un centro asistencial pensado para cuidar la salud de las personas. El recargo de tareas administrativas, las constantes preocupaciones por una economía que se complica cada día, la rentabilidad del sector, fueron alejando al profesional de su tarea primaria. Esa que nos enamoró de jóvenes y nos llevó a estudiar con pasión, y que cada día tratamos, como podemos, de defender. Porque sabemos que sin farmacéutico no hay farmacia, y sin farmacia no hay medicamentos seguros para la población.
La imagen del farmacéutico está un poco desteñida, como una foto que se fue ajando con el correr del tiempo. Del viejo boticario con delantal banco, preparando sus fórmulas magistrales en su farmacia poco queda. Como en un cuento de Chejov, la añoranza de ese profesional se fue perdiendo en el tiempo, empezando por los profesionales mismos, que nos fuimos quedando sin tiempo ni espacio para defender la profesión. “La desvalorización de la Farmacia han hecho perder su imagen social, hasta el extremo que los jóvenes han perdido el interés por estudiar esta carrera con la consiguiente falta de profesionales. El profesional farmacéutico, ¿es realmente valorado?”, se preguntaba en diciembre del año pasado Juan José Prieto. En un artículo publicado por MIRADA PROFESIONAL, el colega afirmo que “existen un gran número de causas que han contribuido a producir una desvalorización de la farmacia, no solo desde el punto de vista económico sino de la imagen social. La realidad de la Argentina muestra que el rol del Farmacéutico no es valorado en su justa medida”, decía Prieto (ver “Farmacia Argentina: quiénes son los actores y qué imagen se tiene de ella”, publicado en MIRADA PROFESIONAL el 5/12/2013)
Pese a todo, seguimos siendo foco de prestigio en la sociedad. En una reciente encuesta realizada en Europa, el farmacéutico resultó uno de los profesionales más prestigioso ante la población. El trabajo, hecho por la editorial Readers Digest, tuvo lugar en 11 países (Bélgica, República Checa, Finlandia, Francia, Alemania, Países Bajos, Portugal, Rumanía, Rusia, Eslovenia y Suiza) y mostró la buena imagen que tiene el responsable técnico de la dispensa segura de medicamentos. En esos países, los farmacéuticos comunitarios “son los profesionales en los que más confían los ciudadanos europeos”.
De hecho, la confianza de los europeos en este 2013 en los farmacéuticos (80 por ciento) es mayor que la que depositan en los médicos (76 por ciento). “En todos los países europeos, las profesiones relacionadas con la salud son las que más valoran los ciudadanos, a excepción de Rusia, donde los profesionales en los que más se confía son los agricultores”, afirma l trabajo.
En nuestro país, la farmacia sigue teniendo una fuerte imagen positiva entre la población. En muchos lugares suelen ser la única referencia del sector sanitario. Allí, el profesional juega un rol determinante: es el representante de la salud pública ante la gente. Si bien no hay un plan articulado que una las tareas de la farmacia con el resto de los establecimientos, el modelo sanitario que impera en la Argentina mantiene esta tarea alta, en especial gracias a la dedicación profesional.
Un problema en el país es la falta de coordinación dentro del sistema sanitario. Son pocos los puestos que se otorgan a farmacéuticos, pese a que los planes estatales manejan muchos medicamentos, en especial de tratamientos esenciales. Los más de 10 años de remediar no terminaron con esta costumbre, y hoy muchos botiquines son manejados por personal administrativo, que pese a los esfuerzos oficiales por capacitarlos no lograr la experiencia y el conocimiento de los profesionales universitarios.
Esta falencia puede desalentar a los colegas. Los problemas diarios también. Pero siempre hay un rincón del día, incluso el más pesado, que nos recuerda por qué asumimos este compromiso. Ese instante donde recordamos cuando fue la primera vez que soñamos con esta profesión. Esa imagen del niño jugando a mezclar pociones, como un alquimista moderno. El adulto que pudo hace años, mientras las condiciones “ambiente” le permitían y sus sueños que moldaron esos esfuerzos de la primera farmacia, donde aprendió a conocer por su nombre a los vecinos, y los atendió con respeto y dedicación por 30 años. Esos momentos donde recordamos que pese a todo honramos el compromiso de ser farmacéutico.
Son tiempos difíciles para el farmacéutico y para la farmacia. Los apremios económicos son muchos. Pese a los esfuerzos, el mercado negro se instaló en la sociedad, y se necesita un cambio cultural de raíz para profundizar nuestra tarea sanitaria. Pero existen grandes profesionales en todo el país, que pelean para revertir esto. Necesitamos todas las manos posibles en esta tarea. Respetar las normas vigentes –como la del ministerio de Salud nacional que no permite vender golosinas y bebidas en las farmacias –es una forma de prestigiar la profesión, y respetarnos como hombres de la salud. Abrazamos esta pasión llamada farmacia, y debemos defenderla de quienes desfilan como vedettes en algunos medios en nombre de ella y sólo cuidan intereses personales, buscan “prensa” y quieren representar a un colectivo que apenas conocen. Debemos ser nosotros mismos los que asumamos nuestra voz, con ideas propias, y las llevemos adelante. Ya lo decía el itaiano Primo Levi: “la unión entre un hombre y su profesión es similar a la que le une a su país, es justamente tan compleja, a menudo ambivalente, y en general se entiende completamente sólo cuando se rompe: por el exilio o la emigración en el caso de tu país, por el pase a retiro en el caso de tu oficio o profesión”. Honremos cada día ese compromiso. Con pasión y convicción. MIRADA PROFESIONAL









