Por Dr. Daniel Cassola
Como saben quiénes nos escuchan en este espacio habitual de los lunes, vivimos en un mundo que está en transformación y transición. Lo que se viene son sociedades en las que las poblaciones van a ser más añosas.
En otra oportunidad hemos dicho que lo que se viene es un mundo de la tercera edad. Ante la baja circunstancial de la natalidad y el aumento de la expectativa de vida nos vamos a encontrar, y en parte ya nos encontramos, con sectores cada vez más vastos de la población que superan la barrera de los 60-65 años.
Como en toda transformación lo que se requiere es una adaptación, o sea un cambio. Por distintos motivos nuestra sociedad no está preparada aún para esta realidad.
En parte por una cuestión de mentalidad. Hay una suerte de consenso general en la sociedad que le otorga al adulto mayor un lugar de segunda. Durante años se exacerbó la juventud como sinónimo de éxito, belleza y hasta riqueza.
En este contexto pareciera que los adultos mayores sobran. A estas cuestiones más generales les podemos sumar otras que son más concretas. Nos referimos a la realidad material que deben afrontar los mayores en nuestra sociedad.
Hay dos temas centrales. El salario y la salud. Las jubilaciones, a pesar de las constantes subas, mantienen a gran parte de la población adulta bajo la línea de la pobreza. Y las prestaciones de salud que reciben quienes tienen la cobertura del PAMI es, para ser piadoso, precaria.
Para que podamos hablar de un nuevo paradigma, y por lo tanto de una sociedad diferente, debemos modificar tanto las cuestiones culturales como las materiales.
Ya ha habido algunos avances. En el plano de las declaraciones, son cada vez más las instituciones que se proclaman en favor de hacer cumplir los derechos de los adultos mayores.
Desde la asunción del Papa Francisco, los adultos mayores han vuelto a tener presencia en las consideraciones de la Iglesia. Recientemente también la Organización de Estados Americanos, OEA, ha firmado un tratado internacional para garantizar ese mismo derecho.
Creemos que ese es el camino. Se trata simplemente de cumplir con los derechos que las Naciones Unidas establecen para los adultos mayores. Hay cinco ejes principales: independencia, participación, autorrealización, dignidad y cuidados.
En Argentina todavía queda mucha tarea por hacer para que estos principios se conviertan en una realidad.










