Por Redacción Curar con Opinión
La meningitis bacteriana continúa siendo la forma más grave: según datos recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada seis personas que la padece muere y una de cada cinco sobrevive con secuelas permanentes como sordera, convulsiones, problemas neurológicos e incluso amputaciones.
“El mayor desafío es que los síntomas iniciales pueden confundirse con cuadros más leves. Cuando la consulta médica se retrasa, el pronóstico empeora notablemente”, señaló Fernando Burgos, jefe de la sección ambulatoria de pediatría del Hospital Austral.
La enfermedad puede tener diferentes orígenes: viral, bacteriano, fúngico o parasitario. Mientras que las formas virales suelen ser más frecuentes y menos graves, la meningitis bacteriana es la que representa la mayor amenaza, por su rápida evolución y el alto riesgo de complicaciones irreversibles. El meningococo (Neisseria meningitidis) es el agente más común dentro de este grupo y responsable de la mayoría de los brotes epidémicos.
Entre los síntomas típicos se encuentran fiebre alta repentina, dolor de cabeza intenso, rigidez de cuello, vómitos y somnolencia. En los bebés, los signos suelen ser más difíciles de identificar e incluyen irritabilidad, llanto constante, rechazo a la alimentación o abultamiento de la fontanela. En casos graves, la infección puede derivar en sepsis meningocócica, con manchas violáceas en la piel y deterioro rápido del estado general.
Los más chicos son los más vulnerables: el Instituto Malbrán informó que el serogrupo B predominó en el 95% de los casos confirmados en menores de un año durante 2024. Los adolescentes, por su parte, constituyen un grupo clave en la transmisión, ya que muchas veces cursan la infección sin síntomas.
La prevención mediante vacunas es la herramienta fundamental. Sin embargo, en Argentina las coberturas están por debajo de lo recomendado: la dosis contra meningococo a los 11 años apenas supera el 60% y en menores de un año la cobertura no alcanza el 80%, lejos del 95% necesario para lograr protección comunitaria. “No se puede concebir que un niño muera de meningitis cuando existen vacunas para prevenirla”, subrayó Burgos.









