El horror de lo acontecido en Newtown, Connecticut, está encendiendo el debate sobre una de las decisiones más deplorables, si no despiadadas, que se tomaron en EEUU en el último medio siglo: el cierre de la mayoría de las instituciones para personas con enfermedades mentales severas. La así llamada desinstitucionalización de los pacientes psiquiátricos surgió como consecuencia de los abusos que algunos individuos habían sufrido en estos lugares, y como resultado de una interpretación perversa de los derechos individuales. A pesar de que la población del país aumentó en 140 millones de habitantes desde que se inició este movimiento, la cantidad de camas en instituciones mentales públicas declinó en un 90%. Se estima que son 3.500.000 los individuos con enfermedades mentales severas que no están recibiendo tratamiento. Ahora es casi imposible para una familia internar a uno de sus integrantes contra su voluntad con el fin de que reciba una terapia sostenida. De hecho Connecticut es uno de los peores estados del país en este sentido. Para nuestra vergüenza, la única forma en que los pacientes con afecciones psiquiátricas graves pueden recibir tratamiento es detrás de las rejas. Casi un quinto de los presos de EE. UU. están mentalmente enfermos. La solución a este problema no puede darse a nivel federal: la verdadera reforma debe tener lugar a nivel estadual. El crecimiento en el número de masacres desde los ´60, cuando empezó el movimiento de desinstitucionalización, deja en claro que estos desgarradores episodios podrían reducirse, y mucho.
FORBES – ARGENTINA
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