La salud también pasa por lo social

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Por Dr. Daniel Cassola.

Hoy en nuestro tradicional espacio sobre los adultos mayores queremos encarar un tema que parece evidente pero que no lo es.

Lo que queremos decir es que la salud no solo pasa por lo médico, los estudios, los diagnósticos, los análisis de los fluidos corporales y los chequeos periódicos.

Hay otra dimensión igual de importante del estado de salud de una persona. Es lo que tiene que ver con lo social. Para mantenerse y evitar los quebrantos de la salud en la vejez, no solo basta encarar los aspectos físicos, sino que es necesario también prestar atención a lo psicosocial.

La participación del adulto mayor en grupos organizados cumplen, según los especialistas en gerontología, con una función que se complementa con la atención de la salud en las instituciones tradicionales como son los hospitales y consultorios médicos.

Estos espacios pueden ser denominados de distinta manera. Pueden ser centros de jubilados, clubes de barrios, o grupos que se nuclean en torno a un interés en particular, como puede ser un deporte, un juego o una determinada actividad cultural.

En definitiva, lo que se logra mediante la integración del adulto mayor a estos grupos es una serie de mejoras importantes:

– Mejora el humor.
– Crea nuevos vínculos.
– Mejora la autoestima.
– Incentiva nuevas iniciativas y abre la posibilidad de participación en actividades nuevas.
– Genera espacios en los que personas de edades similares comparten experiencias.
– Permite participar en un ambiente de sana recreación.

Como consecuencia principal de todos estos beneficios se fortalece la intención, por parte del adulto mayor, para adoptar conductas preventivas de salud. La idea es que se mechen actividades recreativas o lúdicas con otras que apuntan a preservar la salud.

Además, el armado de los grupos de por sí implica una serie de actividades y una distribución de roles que estimulan las relaciones sociales. Todos estos grupos suelen tener una comisión directiva, se puede asignar un tesorero, para por ejemplo, organizar un viaje, entre otras muchas actividades que brindan objetivos y nuevas experiencias para los adultos mayores.

Es un objetivo dentro del cambio cultural que es necesario en nuestra sociedad, que la clase política, las empresas privadas y las instituciones oficiales asuman que los emprendimientos para la tercera edad merecen un reconocimiento. No solo es una obligación moral sino que también constituye un ahorro en salud en el futuro.

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