La María Julia del siglo XXI
Por Dr. Daniel Cassola
Una de las áreas más relegadas durante la tan criticada década del noventa fue la de Medio Ambiente. Por aquellos tiempos recién se comenzaba a hablar de conceptos como medio ambiente o ecología, que hoy resultan tan comunes.
El símbolo de la corrupción y la inacción del Estado fue María Julia Alsogaray. Mientras prometía limpiar el Riachuelo en 1000 días se dedicaba a pasearse con tapados de piel y rodeado de un lujo ostentoso. Unos años más tarde comenzó a enfrentar diferentes causas por corrupción que todavía hoy la hacen visitar los tribunales periódicamente.
Unos años más tarde, ya en el presente siglo, y a raíz de la crisis que se desató por la instalación de papeleras en Entre Ríos, María Julia encontró a su sucesora en el cargo de secretaria de Medio Ambiente.
Con menos ostentación pero con prácticas similares hoy se está investigando a Romina Picolottí, que cumplió esas funciones desde julio de 2006 hasta diciembre de 2008. Ayer la jueza María Romilda Servini de Cubría confirmó el procesamiento de la ex funcionaria por administración fraudulenta. Además Picolotti fue embargada por la suma de 450 mil pesos.
La abogada había llegado al cargo por su participación en grupos ecologistas y su especialización en la materia, pero rápidamente entendió a la función pública como un servicio que el Estado le prestaba a ella y no al revés.
Decimos estos porque el procesamiento se basa en una serie de gastos que Picolotti le endilgó a su Secretaría, pero que tenían más que ver con su vida personal que con su función. Según informó la jueza, Picolotti utilizaba la caja chico para regalos de cumpleaños y otras cuestiones de índole privada.
Por ejemplo, constan recibos por “platos de quesos y fiambres, gin tonic, Bellini y vino”, o “una piedra aromatizada”, “pilas, pañuelos descartables y analgésicos” y hasta “barritas de cereal”.
Cuando la presidenta Cristina Kirchner le pidió la renuncia en el 2008 la Secretaría solo había ejecutado el 40 por ciento de los fondos destinados a los programas del área, pero había costosas facturas por viáticos. Por ejemplo, viajes al exterior por 70 mil dólares.
O sea, la gestión de Picolotti combinó la ineficiencia con los gastos excesivos en cuestiones secundarias, por usar un eufemismo piadoso. Es un ejemplo más de alguien que cree que el Estado está para prestarle servicios al funcionario, y no el funcionario al Estado, como debería ser.

