Por Dr. Daniel Cassola
La idea de hablar de los problemas de la tercera edad todos los lunes tiene que ver con la ilusión que tenemos para que las cosas, alguna vez, cambien. Para que sucedan las transformaciones lo primero que hay que hacer es plantear los problemas.
Por ello, es que queremos insistir con un tema que los medios abordan muy de costado, como si fueran noticias vulgares. Nos referimos a la creciente ola de violencia y asesinatos que sufren los integrantes de la tercera edad en Argentina.
Estas son noticias a los que no debemos acostumbrarnos. Por eso nuestra insistencia. En lo que va del año se calcula que fueron asesinados al menos 41 jubilados, en ocasión de robo o como consecuencia de un hecho delictivo violento.
La semana pasada Mendoza se conmovió por un doble asesinato. Antonio y su mujer Paulina fueron a comer un asado a la vera del río Maipú. Para robarles el auto, tres jóvenes los golpearon de tal manera que la pareja resultó muerta. Finalmente, los tiraron al río. Antonio y Paulina llevaban 56 años de casados, tenían tres hijos y diez nietos. Nadie merece terminar así.
Por otra parte, el pasado 11 de agosto, otro jubilado de nombre Antonio, de 89 años, apareció muerto y atado en su domicilio del barrio porteño de Monte Castro. Presentaba quemaduras y signos de tortura, y se desconoce si murió por ello o porque su corazón no resistió. Es el segundo asalto que sufrió en su casa. Tras el primero había fallecido su esposa.
El miércoles pasado, en Villa Adelina, partido de San Isidro sucedió un caso similar. Una mujer de 87 años fue hallada muerta en su casa con un fuerte golpe en la cabeza. Habían forzado una ventana e ingresado a la vivienda para llevarse algunos electrodomésticos.
Estos son solo una muestra de los casos más notorios de las últimas tres semanas. En la actualidad se calcula que, solo en la Ciudad y el Conurbano, cada cuatro días hay un jubilado asesinado en ocasión de robo.
También debemos considerar a los miles que son robados y no mueren, pero presentan secuelas. Un hecho tan traumático, para un adulto mayor, puede significar que se dispare una enfermedad, que se contraigan fobias y miedos.
O sea, los adultos mayores que fallecen por hechos delictivos son muchos más que los que aparecen en los diarios o la televisión.
Desde nuestro lugar, lo menos que podemos hacer es contarles qué es lo que está sucediendo.










