Alimentos: de la escasez a la abundancia y el desperdicio

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El año pasado gracias a las donaciones se recuperaron 24 millones de platos de comida.

Por Dr. Daniel Cassola

Como ustedes saben Argentina es un país que se terminó de moldear gracias a las corrientes inmigratorias. La mayoría de los que emprendieron viaje hacia estas tierras lo hicieron desde distintos puntos de Europa.

Las comunidades italianas y españolas son las mayoritarias, pero si por caso revisamos la guía telefónica vamos a notar que hay en nuestro país apellidos ingleses, franceses, alemanes, judíos, de Europa del Este y de varios lugares más.

Esa masa de gente que vino en busca de una oportunidad no lo hizo completamente a voluntad. Nadie deja su hogar porque sí. Razones como las guerras, las persecuciones políticas o religiosas y las hambrunas son las que impulsaron e impulsan los grandes movimientos migratorios.

Para todas esas personas que arribaron al país entre fines del siglo XIX y comienzo del siglo la abundancia era una utopía. Los alimentos eran escasos e incluso los primeros tiempos en el país fueron duros.

Los tiempos cambian, y hoy la era industrial permite que en los países desarrollados o en vías de desarrollo haya más alimentos que los necesarios. Lo cual no implica que todos tengan acceso a los nutrientes necesarios. Esta semana comentamos que hay 300 mil chicos menores de 5 años en Argentina que no llegan a la talla esperada. Esto se da, para simplificar, porque o ellos o su madre o ambos no tuvieron acceso a una alimentación con las proteínas mínimas.

Donde antes había solo carencias, hoy conviven la escasez con el despilfarro. Según una investigación de la Naciones Unidas en países como el nuestro se tiran a la basura tres de cada diez alimentos producidos.

Ante esta situación en otras latitudes se ha decidido tomar medidas. En Francia directamente promulgaron una ley que prohíbe a los supermercados tirar comida a la basura. Aquí, como en tantos otros temas, existe una ley que no está reglamentada.

El problema de la ley argentina es que hace responsable a las empresas que donan alimentos si quien los ingiere sufre alguna patología alimentaria. Ante la posibilidad de sufrir demandas las empresas prefieren tirar la comida y no donarla.

Al margen de las dificultades quienes se dedican a recolectar donaciones de alimentos en el país pudieron reunir, durante el año pasado, más de 8 millones de kilos de comida. Se calcula que son unos 24 millones de porciones o platos.

El punto es que se podría recuperar mucho más aún. Los comercios descartan los productos vencidos, los consumidores por promociones solemos comprar más de lo que terminamos ingiriendo y los restaurants también contribuyen al desperdicio. Una tradición nacional son las porciones extra grandes. Ya hay quienes se están acostumbrando a llevarse en una bolsita lo que sobró para poder comerlo al otro día.

Quizás se pensáramos un poco más en nuestros abuelos que vinieron a estas tierras con muy poco seríamos más cuidadosos con la comida.

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