Por Dr. Daniel Cassola
Tanto en nuestra vida cotidiana como de vacaciones podemos necesitar anteojos de sol. Quizás los olvidamos y decidimos comprar unos baratos en la calle o en algún kiosco. No es una buena idea.
La función de los anteojos de sol es protegernos contra los rayos ultravioletas del sol, invisibles para nosotros pero no por ello menos dañinos, al menos potencialmente. Si compramos cualquier anteojo puede no contar con la protección que filtra y detiene a estos rayos. Simplemente puede tratarse de vidrio o plástico pintado.
Según recomienda el Hospital de Clínicas, una forma de asegurar control de la calidad es adquirirlos en lugares habilitados a tal fin, no en la calle ni negocios de venta de mercadería genérica. Para que sea de buena calidad no necesariamente tiene que ser un anteojo caro. La moda impone diferentes modelos de marcos y a veces cristales de colores.
Es recomendable que se usen con el asesoramiento y control de un oftalmólogo. Así se logra optimizar el resultado en el uso de estos anteojos, cuidando la salud visual. Entre los problemas que nos pueden ocasionar los lentes de baja calidad están las cefaleas, visión de halos o luces, efecto prismático (que lleva a desviaciones de los ojos o “forias”) o distorsión en la vista, entre otros.
Los anteojos para el sol se caracterizan por frenar el ingreso al ojo de una longitud de onda específica según el color de filtro utilizado. Es decir, buscan optimizar la relación entre luz útil y luz molesta para evitar lesiones en los ojos y mejorar las funciones visuales.
Los filtros se clasifican en nivel bajo, medio y alto según la capacidad de absorber esa luz molesta inconveniente de utilizar el filtro inadecuado para la actividad que se realiza, acarrea dificultades en la visión. Por ejemplo, si se usan lentes de alta absorción (negros) para conducir en la noche, la visión de contraste disminuye y la capacidad de ver los objetos a la distancia se afecta.
También, si los anteojos de quienes están en la nieve tienen un filtro de absorción baja pueden causar queratitis, cataratas o lesiones en la retina. Los anteojos además de poseer un filtro de color pueden asociarse con la graduación de lentes que la persona usa normalmente, por ejemplo en la miopía, el astigmatismo y la hipermetropía ayudando a mejorar la calidad visual.
Por eso es mejor no especular y comprar los anteojos que verdaderamente funcionan. Y si no, no usar ninguno, para que nuestros reflejos para protegernos del sol no se vean afectados. A veces lo barato puede salir caro.









