Otro tropiezo con la misma piedra
Por Dr. Daniel Cassola
No es la primera vez que un recital termina en tragedia, aunque como siempre en estos casos, se desea que sea la última. El hombre es el único ser que tropieza dos o más veces con la misma piedra, lo cual se podría aplicar a la organización de eventos masivos.
Cromagnon, Time Warp y la “misa” del Indio Solari en Olavarría tienen puntos en común. El descontrol, el desborde de público, la organización precaria. Hoy hay que lamentar dos muertos y un par de decenas de heridos, de los cuales dos permanecen en estado delicado en el Hospital Héctor Cura de Olavarría.
Si se ven las imágenes sobre los accesos y la desconcentración del público del recital parece sumamente fortuito que solo hayan muerto dos personas. Una mínima estampida en las angostas calles colapsadas de Olavarría podría haber terminado en una masacre.
No se puede organizar precariamente un evento para 200, 300 o 400 mil personas. No es imposible, se puede hacer pero eso requiere tanto inversión como profesionalismo, ambas facultades que no se poseyeron durante este fin de semana.
Aún no está del todo claro de qué manera murieron los dos hombres. Javier León, de entre 40 y 45 años, sufrió una descompensación y un paro cardiorrespiratorio en el predio donde se realizó el recital. Según relató su mujer fue trasladado al hospital en ambulancia adonde, según le informaron, llegó muerto. En segundo lugar hoy se identificó a Juan Bulacio como la segunda víctima. El hombre de 36 años también perdió la vida en La Colmena, aunque no se ha informado la causa del fallecimiento.
Lo que se sabe es que en un lugar habilitado para 200 mil personas hubo muchas más, y que se produjeron avalanchas que derivaron en fracturas y aplastamientos. Por otro lado ni la intendencia ni la organización del evento previeron lo que implica la concurrencia de cientos de miles de personas que durante dos días llegan a Olavarría, pero que se retiran todas al mismo tiempo, cuando el recital concluye.
A 800 pesos la entrada queda la sensación de que se podría haber invertido un poco más de recursos en la seguridad, el control y el confort de los asistentes. Y seguramente Olavarría y el predio elegido no eran el lugar para recibir a tantas personas. Por lo que se puede apreciar la ciudad quedó arrasada.
No es la primera vez que ocurre. ¿Será la última? Se pueden organizar eventos en el que el público disfrute y vuelva a su casa sano y salvo. El ex Pink Floyd, Roger Waters, dio, en su última visita, 9 recitales en River que congregaron a 400 mil personas. Fue seguro, la gente pudo disfrutar del espectáculo, y también debe haber sido un buen negocio para los músicos.
Un recital, una fiesta, un evento masivo no merece la muerte de nadie.
