Por Dr. Daniel Cassola
En el día de hoy por la mañana Rodolfo Oscar Estivill, de 91 años, se suicidó al pegarse un tiro en la cabeza en una de las sucursales de la Anses en Mar del Plata. El hombre se había trasladado hasta allí con una sobrina para realizar un trámite de cambio de domicilio, según informaron los empleados. Al concluir el mismo se dirigió hacia el primer piso del local y en la escalera sacó el arma, dijo que le agradecía a su sobrina por todo y se disparó.
Aún se desconocen detalles sobre la situación social y económica del difunto. Para el titular de la Anses, Emilio Basalvibaso, se trató “de una situación que nos afecta a todos” y lamentó el “uso político de una situación tan personal y dolorosa”. En cambio desde el gremio Apops, que nuclea a los trabajadores de la Anses, sostuvieron: “Ya basta. Esto es un genocidio. No vamos a ser testigos silenciosos de este plan de exterminio a nuestros viejos”. Además es probable que, por lo ocurrido, los trabajadores de la Anses dispongan un paro nacional para el día de mañana.
En primer lugar, con la información escasa que tenemos, debemos tratar de analizar qué sucedió. Rodolfo Estivill, evidentemente, planeó qué hacer y dónde hacerlo. Si la versión oficial de la Anses es correcta el hombre se trasladó desde algún lugar de Buenos Aires hacia Mar del Plata para realizar un trámite de cambio de domicilio. Llevó entre sus pertenencias un arma y decidió matarse dentro de la Anses.
La depresión que puede estar detrás de un suicidio puede tener diversos factores. Pero en este caso parece haber dos datos que nos indican algo. Primero, el acto fue premeditado porque el hombre llevó el arma desde donde sea que haya llegado a la Anses. Luego, el lugar escogido para terminar con su vida nos habla de un posible mensaje. Es más, al decir que le agradecía a su sobrina por las molestias que se tomó podríamos descartar algún tipo de conflicto familiar como desencadenante.
¿Estivill nos habrá querido decir que como jubilado de la Anses ya no se puede vivir más? ¿Habrá incidido en su decisión algún tipo de maltrato institucional? ¿Le alcanzaba a Estivill su haber para vivir dignamente?
No tenemos respuestas para todas estas preguntas pero al menos vale la pena plantearlas. La situación de millones de jubilados es cada vez más frágil. Sus ingresos están por debajo de la canasta básica de productos que se necesitan para vivir con dignidad.
Puede que, tal como dijo Basalvibaso, se trate de un caso personal. Pero no hay lugar a dudas que el dolor que sentía Estivill tiene un contexto.









