La educación, la obsesión de Sarmiento

Por Dr. Daniel Cassola

El 11 de septiembre se recuerda en Chile por el golpe de Estado contra Salvador Allende, en Estados Unidos por el atentado a las Torres Gemelas pero aquí, en Argentina, es el Día del Maestro ya que el 11 de septiembre de 1888, a los 77 años, falleció Domingo Faustino Sarmiento.

El prócer sanjuanino vivió intensamente. Padeció el exilio en tiempos de Rosas, mantuvo polémicas acaloradas durante toda su vida y ejerció la presidencia de la nación. Su nombre se asocia a la educación, y está bien que así sea.

Recordemos, en su homenaje, algunos de sus logros tan solo en su gestión como presidente. En primer lugar dio forma e hizo aprobar la Ley de Subvenciones, que asignó fondos para la educación pública de dos maneras. Toda herencia sin sucesión directa (matrimonio o hijos) se destinó a la construcción de nuevas escuelas, así como también un octavo del precio de venta de las tierras públicas.

Durante su mandato construyó unas 800 escuelas (en el país habían alrededor de 1000) y multiplicó la cantidad de alumnos. De 30 mil pasaron a ser 110 mil. Para garantizar la enseñanza en la escuela primaria trajo decenas de maestras de Estados Unidos, hasta que se pudieran formar aquí las que fueran necesarias.

En 1870 propició la creación y el desarrollo de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP), que hasta la actualidad fomenta el fortalecimiento de las bibliotecas populares en tanto organizaciones de la sociedad civil e impulsa su valoración pública como espacios físicos y sociales relevantes para el desarrollo comunitario y la construcción de ciudadanía.​ En la capital fundó la Biblioteca Nacional de Maestros.

Un año antes, en 1869, Sarmiento había realizado el primer censo poblacional nacional de la historia argentina. En aquel entonces el 71 por ciento de los poco más que 1.800.000 habitantes eran analfabetos.

En este contexto es que algunas frases que se desprenden de su prolífica obra cobran un sentido trascendental. Tan fundamental era la concepción de Sarmiento sobre la educación que escribió: “Es la educación primaria la que civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. Son las escuelas la base de la civilización”.

Finalmente, Sarmiento consideraba que “todos los problemas, son problemas de educación”. Sus apreciaciones continúan vigentes, al igual que su obra. La educación continúa siendo, a más de un siglo de su muerte, la garantía de un futuro viable.

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