El papel del colesterol LDL en la enfermedad cardiovascular
La enfermedad cardiovascular se erige como una sombra que se extiende sigilosamente sobre la salud global, cobrando más vidas que el cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas en todo el mundo.
Por Dr. Daniel Cassola
Argentina no es inmune a esta crisis de salud, con aproximadamente 100,000 decesos anuales, lo que equivale a un desgarrador promedio de 280 vidas perdidas diariamente. Esta enfermedad se erige como la principal causa de muerte prematura en ambos sexos, afectando al 35% de los hombres y al 28% de las mujeres, y ocupa el deshonroso primer lugar como la causa de muerte prevenible en el país.
Aunque la enfermedad cardiovascular es una problemática multifactorial, la evidencia científica ha iluminado el papel crucial del colesterol LDL en su desarrollo. Sin embargo, este enemigo acecha en silencio, ya que el aumento de los niveles de colesterol no manifiesta síntomas específicos. Esto lo subraya el Dr. Pablo Corral (M.P. 93,559), especialista en medicina interna, lipidólogo y presidente de la Sociedad Argentina de Lípidos, al afirmar que, en muchas ocasiones, el primer signo de niveles elevados de colesterol es la muerte súbita, consecuencia de un infarto de miocardio o un derrame cerebral.
El colesterol es un lípido esencial para diversas funciones del organismo, como la producción de hormonas y la generación de energía. Sin embargo, solo el 25% del colesterol proviene de la dieta; el restante es sintetizado por el cuerpo. Por lo tanto, una alimentación saludable puede no ser suficiente para mantener a raya los niveles de colesterol LDL.
El colesterol, al ser una grasa, viaja en el torrente sanguíneo dentro de lipoproteínas, específicamente las lipoproteínas de baja densidad (LDL). Cuando los niveles de colesterol LDL se elevan, esta grasa puede acumularse en las paredes arteriales, dando lugar a placas de aterosclerosis que obstruyen el flujo sanguíneo. Esta afección es la causa del 85% de las muertes cardiovasculares en todo el mundo. Lo alarmante es que estas placas se acumulan silenciosamente, sin mostrar síntomas, lo que significa que el riesgo de eventos cardiovasculares graves solo se manifiesta cuando es demasiado tarde.
Es crucial comprender que la división simplista entre «colesterol bueno» y «colesterol malo» es incorrecta. Un estudio científico publicado en 2020 puso en tela de juicio esta noción, demostrando que no todo el colesterol considerado «bueno» es necesariamente saludable. Por ejemplo, niveles elevados de colesterol-HDL (considerado «bueno») pueden estar asociados a un mayor riesgo de infarto de miocardio.
La evidencia científica ha sostenido durante décadas la relación causal entre los niveles de colesterol LDL, especialmente, y las enfermedades cardiovasculares de origen isquémico. En Argentina, esta enfermedad es responsable de una de cada tres muertes. Los beneficios de reducir los niveles de colesterol LDL son significativos en términos de prevención y tratamiento de la enfermedad cardiovascular aterosclerótica.
Afortunadamente, hay factores de riesgo modificables que se pueden abordar y tratar. El sobrepeso, el consumo de alimentos poco saludables, la inactividad física, el tabaquismo y la falta de sueño son algunos de los factores que pueden contribuir a niveles elevados de colesterol LDL. Según la 4ª Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, aproximadamente 3 de cada 10 personas mayores de 18 años en Argentina tienen niveles de colesterol LDL más altos de lo recomendado.
Si bien la genética también juega un papel importante, es el único factor que no se puede modificar. Además, otras condiciones médicas, como el hipotiroidismo, la enfermedad renal o hepática, y el uso de ciertos medicamentos, pueden contribuir al aumento de los niveles de colesterol LDL.









