La importancia de controlar los lunares para prevenir el cáncer de piel

Con la llegada de los calores, los lunares retoman protagonismo y están bajo la lupa. El ascenso de las temperaturas obliga a que la piel esté más expuesta. Pero, ¿por qué es importante el control de los lunares? ¿Son indicadores de cáncer de piel? ¿En qué casos deben ser extirpados?

Por Dr. Daniel Cassola

El cáncer de piel se manifiesta de diferentes maneras, no solo a través de lunares sospechosos. También pueden aparecer otras lesiones nuevas que son de color rojo-rosado, que crecen, pican, se lastiman y no curan. Estas lesiones tienden a ubicarse en áreas del cuerpo expuestas crónicamente al sol. El control de lunares es crucial para identificar cualquier anomalía tempranamente.

La Dra. Ana Clara Acosta, coordinadora de la Campaña Nacional de Prevención del Cáncer de Piel, subraya la necesidad del control anual de los lunares. Según ella, «los lunares (o nevos) deben controlarse al menos una vez al año. Hay que prestar atención a ciertas características que se resumen en el acrónimo ABCDE, que utilizamos para analizar las lesiones de mayor riesgo: asimetría, bordes irregulares, varios colores, diámetro mayor a 6 milímetros (mm) y evolución o cambios en el tiempo».

Es importante destacar que los lunares no deben ser extirpados por «prevención». La prevención se logra a través del autocontrol de la piel o con el seguimiento realizado por un dermatólogo. Sin embargo, existen estudios especiales con indicaciones precisas para las personas que tienen muchos lunares o antecedentes de melanoma.

La Dra. Acosta enfatiza que todos tenemos una «carga genética» que determina la cantidad y el tipo de lunares que desarrollamos a lo largo de nuestra vida. Lo que sí podemos modificar es el daño genético que sufre la piel cuando no se protege de la radiación ultravioleta.

En cuanto al cáncer de piel, la Dra. Gabriela González Campos, del Servicio de Dermatología del Hospital Ramón Madariaga, señala que se ha vuelto más frecuente en personas jóvenes en comparación con el pasado. La principal causa de este aumento es la exposición prolongada al sol.

Entre los tipos de cáncer de piel más comunes se encuentran el epitelioma basocelular, el epitelioma espinocelular y el melanoma. De estos, el melanoma es el más peligroso, ya que tiene la capacidad de metastatizar, es decir, diseminarse a otros órganos y poner en peligro la vida del paciente.

El melanoma se origina en la mayoría de los casos en lesiones como lunares nuevos en la piel, pero también puede desarrollarse en lunares preexistentes. Incluso un lunar pequeño que parezca simétrico puede ser motivo de preocupación si es nuevo o presenta cambios.

En términos de factores de riesgo, las personas más propensas al cáncer de piel son aquellas con piel clara, ojos claros y una historia de exposición solar acumulada, como trabajadores rurales, deportistas y tomadores de sol. También, aquellos que han utilizado camas de bronceado artificial, que aumentan significativamente el riesgo de cáncer de piel. La inmunodepresión, ya sea debido a medicamentos o afecciones de salud, así como la presencia de múltiples lunares atípicos y antecedentes familiares de melanoma, también aumentan el riesgo.

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