Publican nuevas directrices para proteger a los trabajadores del creciente estrés térmico
Por Redacción Curar con Opinión
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) presentaron un informe conjunto que advierte sobre los crecientes riesgos que el calor extremo representa para la salud de los trabajadores y para la productividad en todo el mundo. El documento, titulado “Cambio climático y estrés térmico en el lugar de trabajo”, reúne más de cinco décadas de evidencia científica y llama a adoptar medidas inmediatas para reducir el impacto de las temperaturas extremas.
El informe señala que las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas debido al cambio climático, lo que multiplica los problemas de salud en trabajadores expuestos al aire libre en sectores como agricultura, construcción y pesca, así como en aquellos que desempeñan tareas en interiores sin ventilación adecuada. Los efectos no se limitan a las zonas cercanas al ecuador: las recientes olas de calor en Europa demostraron que se trata de un fenómeno global.
Entre los principales hallazgos, se destaca que la productividad laboral disminuye entre un 2 y un 3 % por cada grado de aumento por encima de los 20 °C. Además, el estrés térmico está asociado a riesgos graves como insolación, deshidratación, daño renal y trastornos neurológicos. La OMS y la OMM estiman que aproximadamente la mitad de la población mundial ya padece consecuencias adversas de la exposición a altas temperaturas.
El Dr. Jeremy Farrar, de la OMS, subrayó que el estrés térmico afecta tanto la salud como los medios de vida de miles de millones de personas, sobre todo en comunidades vulnerables. En la misma línea, Ko Barrett, secretario general adjunto de la OMM, sostuvo que proteger a los trabajadores no solo es una cuestión sanitaria sino también económica, ya que las pérdidas derivadas de la caída de la productividad y las lesiones laborales son cada vez más significativas.
La guía propone medidas concretas, como la elaboración de planes de acción contra el calor adaptados a cada industria y región, el diseño de políticas públicas centradas en los trabajadores más vulnerables y la capacitación de empleadores y profesionales de la salud para detectar y tratar los síntomas de manera temprana. También recomienda impulsar tecnologías innovadoras y sostenibles que permitan mantener la productividad sin comprometer la seguridad.
