Por Redacción Curar con Opinión
El tipo de piso de una vivienda no es solo una cuestión constructiva, sino un factor que puede influir de manera directa en la salud, el desarrollo y el futuro educativo de los niños. En Argentina, más de 300 mil familias viven en hogares con piso de tierra, una condición que afecta especialmente a las infancias y profundiza las desigualdades sociales desde los primeros años de vida.
Un estudio regional realizado por la ONG Hábitat para la Humanidad advierte que los pisos de tierra incrementan el riesgo de enfermedades respiratorias, infecciones parasitarias y anemias, al tiempo que impactan negativamente en el rendimiento escolar y el desarrollo cognitivo. Estas consecuencias no se limitan al plano sanitario, sino que también inciden en los procesos de aprendizaje y en la capacidad de los niños para sostener trayectorias educativas continuas.
La investigación señala que contar con un suelo firme dentro del hogar favorece el desarrollo emocional, social y físico durante la infancia. Jugar en un espacio adecuado no solo mejora la salud general, sino que también reduce el ausentismo escolar y contribuye a un mejor desempeño académico. Según el estudio, reemplazar un piso de tierra por uno de cemento puede aumentar hasta un 80 por ciento las horas de juego en el hogar, lo que equivale a aproximadamente dos horas más por día dedicadas a actividades clave para el desarrollo infantil.
El impacto positivo también se refleja en la educación. La mejora de las condiciones habitacionales reduce en un 15 por ciento el ausentismo escolar, ya que los niños se enferman menos y cuentan con un espacio más apropiado para estudiar y realizar tareas. Este aspecto resulta central si se considera que, de acuerdo con informes del Banco Mundial, la población vulnerable presenta menores niveles de asistencia a la educación temprana y mayores tasas de abandono escolar.









