Índice UV extremo en Argentina: un riesgo silencioso para la salud que crece con el verano

En los últimos días, gran parte de la Argentina se vio afectada por niveles muy altos y extremos de radiación ultravioleta, un fenómeno que preocupa tanto a meteorólogos como a especialistas en salud.

Por Dr. Daniel Cassola

De acuerdo con datos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), regiones como la Ciudad de Buenos Aires, el Conurbano bonaerense y amplias zonas del centro y norte del país registraron valores que pueden provocar daños en la piel en apenas unos minutos, especialmente durante el horario de mayor radiación solar, entre las 10 y las 16.

El Índice Ultravioleta, conocido como IUV, se incorporó hace años como una variable clave en los informes meteorológicos debido al crecimiento del agujero en la capa de ozono y a la necesidad de alertar sobre los efectos nocivos de la radiación solar. A diferencia de la temperatura o la humedad, el IUV no siempre es percibido de forma directa por la población, lo que aumenta el riesgo de exposición sin protección. Sin embargo, cuando este indicador alcanza niveles muy altos o extremos, como ocurrió recientemente, las consecuencias para la salud pueden ser inmediatas y acumulativas.

Durante la temporada estival, la elevación del sol en el cielo incrementa naturalmente la intensidad de los rayos ultravioleta. A esto se suman otros factores como los cielos despejados, la baja nubosidad y la reflexión de la radiación sobre superficies como el pavimento, el agua o la arena, que intensifican la exposición. En determinadas condiciones atmosféricas, una menor capacidad de filtrado de la radiación también contribuye a que los valores del índice superen el umbral considerado seguro. Según la escala internacional, los niveles se clasifican como bajos, moderados, altos, muy altos y extremos, siendo estos últimos los que comienzan en el valor 11 y representan un peligro significativo incluso con exposiciones breves.

La radiación ultravioleta es un carcinógeno reconocido. La sobreexposición aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de piel, incluido el melanoma, una de las formas más agresivas de esta enfermedad. Además, acelera el envejecimiento prematuro de la piel, generando arrugas, manchas y pérdida de elasticidad. Los efectos no se limitan a la piel: los ojos también pueden verse seriamente afectados, con la aparición de cataratas, pterigión y otras lesiones que comprometen la visión. En casos de exposición reiterada, el sistema inmunológico puede debilitarse, reduciendo la capacidad del organismo para defenderse de infecciones.

Un aspecto que suele subestimarse es que los niveles peligrosos de radiación ultravioleta no dependen exclusivamente del calor. Incluso en días nublados o con temperaturas moderadas, el índice puede ser elevado, lo que hace indispensable consultar los pronósticos específicos y no confiar únicamente en la sensación térmica. Por este motivo, los especialistas recomiendan organizar las actividades al aire libre fuera del horario de mayor radiación y priorizar espacios con sombra siempre que sea posible.

La prevención es fundamental para reducir los riesgos asociados al índice UV extremo. Limitar la exposición directa al sol en las horas críticas, utilizar ropa adecuada que cubra la mayor parte del cuerpo, proteger los ojos con anteojos con filtro UV certificado y aplicar protector solar de amplio espectro son medidas básicas que ayudan a minimizar los daños. En el caso de niños y bebés, la precaución debe ser aún mayor, ya que su piel es más sensible y vulnerable a la radiación.

La situación adquiere una dimensión particular en el caso de los trabajadores que desarrollan tareas al aire libre. Para ellos, la exposición prolongada no solo incrementa el riesgo de quemaduras solares, sino también de insolación, agotamiento y golpe de calor. En este contexto, resulta clave que empleadores y autoridades sanitarias garanticen condiciones adecuadas de protección, con pausas regulares, acceso a sombra e hidratación.

Frente a un escenario en el que los niveles de radiación ultravioleta extrema se vuelven cada vez más frecuentes, la información y la prevención se consolidan como las herramientas más eficaces para cuidar la salud y reducir un riesgo que, aunque invisible, puede dejar consecuencias duraderas.

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