Por Redacción Curar con Opinión
Más de 300.000 hogares en la Argentina aún tienen pisos de tierra, una situación que expone a miles de familias a condiciones habitacionales precarias y a riesgos sanitarios evitables. El dato forma parte de un relevamiento difundido por organizaciones sociales y fue analizado por Matías Araujo, investigador de la Fundación Tejido Urbano, quien advirtió que este problema es solo una parte de un déficit habitacional mucho más amplio.
En diálogo con una radio porteña, Araujo explicó que, si bien el número de viviendas con pisos de tierra resulta alarmante, el déficit total alcanza a cerca de un millón de hogares que presentan falencias estructurales en techos, paredes o materiales básicos. “La precariedad no es solo una cuestión estética: impacta de manera directa en la salud de las personas”, señaló.
Según el especialista, vivir sobre superficies de tierra suele estar asociado a la ausencia de servicios esenciales como agua potable y cloacas. Esta combinación potencia el riesgo sanitario, especialmente en niños y niñas. “El polvo que se levanta dentro de las viviendas se inhala de forma permanente y puede derivar en bronquitis, asma y otros cuadros respiratorios graves”, explicó.
Además, durante los períodos de lluvia, el barro contaminado facilita la transmisión de parásitos y enfermedades infecciosas. Entre ellas, Araujo mencionó la leptospirosis y diversos trastornos digestivos vinculados al contacto con agua y suelos contaminados. La situación se agrava cuando las familias consumen agua de pozo sin tratamiento, muchas veces afectada por la cercanía de pozos ciegos y napas contaminadas.
El investigador subrayó que esta problemática no se limita a zonas rurales, sino que está presente en los cordones más profundos de las áreas metropolitanas, donde la precariedad habitacional convive con altos niveles de vulnerabilidad social.









