En 2025, Argentina alcanzó un récord histórico de casos de sífilis que encendió alertas en el sistema de salud pública y volvió a poner en primer plano a las infecciones de transmisión sexual (ITS).
Por Dr. Daniel Cassola
Según los datos oficiales del Boletín Epidemiológico Nacional, se notificaron 55.183 contagios en la población general, una cifra que supera en más de 21.000 casos la mediana del período 2020-2024 y que refleja un incremento porcentual de hasta el 71%. Se trata del crecimiento más acelerado registrado en los últimos años y de una tendencia que ya desafía la capacidad de respuesta sanitaria.
La magnitud del aumento es contundente. Mientras que la mediana de casos notificados entre 2020 y 2024 fue de 33.571, el salto a más de 55.000 contagios en 2025 representa un incremento absoluto del 64% respecto de ese promedio histórico. En términos oficiales, el boletín destaca un aumento del 71%, una diferencia atribuida a los métodos de cálculo y ajustes estadísticos, pero que confirma el mismo fenómeno: la sífilis se consolida como una de las ITS de mayor expansión en el país.
El impacto no se limita a la población general. En mujeres embarazadas, los casos también mostraron una suba preocupante. La mediana pasó de 11.396 a 12.532 en 2025, lo que implica un incremento del 10%. Dado que la sífilis es una de las principales causas prevenibles de complicaciones durante el embarazo, estos números refuerzan la necesidad de fortalecer los controles prenatales y el tamizaje sistemático.
El comportamiento del resto de las ITS fue más heterogéneo. La gonorrea mostró un descenso del 43% en los casos notificados, aunque con un aumento del 33% en los casos confirmados por laboratorio, un contraste que sugiere cambios en los mecanismos de diagnóstico y vigilancia. Las infecciones por Chlamydia trachomatis y Mycoplasma genitalium se mantuvieron estables, sin variaciones significativas, mientras que Trichomonas vaginalis registró un leve descenso. En paralelo, la secreción genital purulenta en varones aumentó un 65% frente a la mediana histórica, un dato que los especialistas asocian, en parte, a una mayor capacidad de detección.
¿Por qué crece la sífilis con tanta fuerza? Las causas son múltiples y se superponen. La alta transmisibilidad de la infección en sus fases iniciales, la falta de medidas de prevención sostenidas, las brechas en el acceso al diagnóstico y al tratamiento oportuno, y las reinfecciones explican buena parte del fenómeno. A esto se suma que, tras la caída en las notificaciones durante 2020 por la pandemia de COVID-19, la tendencia ascendente se consolidó desde 2022, acompañada por mejoras en los sistemas de vigilancia y una mayor incorporación de prestadores al circuito de notificación.
La reinfección aparece como uno de los desafíos más complejos. A diferencia de otras enfermedades, haber tenido sífilis no genera inmunidad. Esto significa que una persona puede volver a contagiarse si mantiene prácticas de riesgo sin protección. En varones, una proporción significativa de los casos corresponde a reinfecciones, lo que evidencia la necesidad de controles periódicos y estrategias de prevención más eficaces.
Desde el punto de vista clínico, las consecuencias de no tratar la sífilis a tiempo pueden ser graves. La infección, causada por la bacteria Treponema pallidum, suele comenzar con una llaga indolora en genitales, recto o boca, pero puede progresar hacia lesiones cutáneas, fiebre, cefalea e inflamación ganglionar. Sin tratamiento, puede afectar el sistema nervioso, el corazón y otros órganos, generando daños potencialmente irreversibles. En el embarazo, además, aumenta el riesgo de muerte fetal, parto prematuro y sífilis congénita.
Frente a este escenario, las pruebas rápidas de diagnóstico, que ofrecen resultados en pocos minutos, se presentan como una herramienta clave para cortar la cadena de transmisión. Con cifras récord y una tendencia ascendente sostenida, la sífilis se perfila como uno de los principales retos sanitarios en materia de salud sexual y reproductiva en Argentina. La capacidad de anticipar, vigilar y responder a esta curva será determinante para evitar que el crecimiento actual se traduzca en mayores complicaciones clínicas y costos sociales en los próximos años.









