Mortalidad infantil y “efecto denominador”: por qué puede subir la tasa aunque mueran menos bebés

En 2024, la Tasa de Mortalidad Infantil (TMI) en Argentina pasó de 8,0 a 8,5 por mil nacidos vivos. A primera vista, el dato sugiere un retroceso. Sin embargo, en ese mismo período el número absoluto de defunciones infantiles descendió: de 3.689 en 2023 a 3.513 en 2024. ¿Cómo puede aumentar la tasa si fallecieron menos bebés? La respuesta está en un fenómeno demográfico conocido como “efecto denominador”.

Por Dr. Daniel Cassola

La TMI se calcula dividiendo la cantidad de muertes de menores de un año por el total de nacidos vivos, y multiplicando el resultado por mil. Cuando el número de nacimientos cae con mayor rapidez que las defunciones, la tasa puede incrementarse aunque el total de muertes disminuya. Es decir, el numerador (defunciones) baja, pero el denominador (nacimientos) baja aún más, empujando el cociente hacia arriba.

Argentina atraviesa desde hace años una fuerte reducción de la fecundidad y la natalidad. Este descenso convive con una tendencia histórica de mejora en la supervivencia infantil. Cuando ambas dinámicas se superponen —menos nacimientos y menos muertes, pero con una caída más marcada de los nacimientos— aparece el “efecto denominador”. Situaciones similares fueron documentadas recientemente en países como Inglaterra y en algunas regiones de Canadá, donde se observaron aumentos transitorios de la tasa en contextos de baja natalidad.

Desagregar los componentes ayuda a interpretar mejor lo ocurrido en 2024. La suba se explicó principalmente por el componente neonatal (primeros 28 días de vida), que habría pasado de 5,5 a 6,0 por mil, mientras que la mortalidad postneonatal se mantuvo estable en 2,5 por mil. Las muertes neonatales suelen estar más vinculadas a la calidad y oportunidad de la atención perinatal —control del embarazo, parto seguro, cuidados intensivos neonatales—, mientras que las postneonatales se asocian con mayor peso a determinantes sociales y ambientales.

Esto sugiere que el incremento de la TMI no debe leerse automáticamente como un deterioro general de las condiciones sociales. Sí invita, en cambio, a revisar la respuesta del sistema de salud en determinadas jurisdicciones, especialmente en lo que refiere a atención prenatal, detección temprana de riesgos, regionalización perinatal y calidad de los cuidados en las primeras semanas de vida.

Desde la epidemiología, los cambios anuales deben analizarse en series temporales más amplias para distinguir variaciones coyunturales de tendencias sostenidas. Un solo año puede reflejar fluctuaciones estadísticas, demográficas o problemas de registro. Por eso, antes de concluir que existe un empeoramiento estructural, es prudente observar el comportamiento de varios años consecutivos.

La discusión pública sobre la mortalidad infantil exige rigor. No todo aumento de una tasa implica, por sí mismo, que haya más muertes o un deterioro generalizado. A veces, el resultado cambia porque el denominador se redujo con mayor intensidad. Entender el “efecto denominador” no minimiza el problema —cada muerte infantil es una tragedia—, pero ayuda a enfocar el tema. Solo así la estadística dejará de ser motivo de confusión y se convertirá en herramienta para proteger vidas.

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