La vacunación, una de las herramientas más eficaces en la historia de la salud pública, enfrenta en Argentina un escenario de retroceso sostenido en sus niveles de cobertura.
Por Dr. Daniel Cassola
Así lo advierte un informe reciente elaborado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), que analiza el estado actual de la inmunización en el país y plantea los principales desafíos para recuperar los niveles necesarios de protección colectiva.
De acuerdo con el documento, las tasas de vacunación del Calendario Nacional —gratuito y obligatorio— se mantienen por debajo del umbral del 95% recomendado para garantizar la inmunidad de rebaño. Esta tendencia se observa desde 2018 y afecta a distintas etapas de la vida, incluyendo la infancia, la adolescencia y la adultez.
Uno de los datos más relevantes es que entre 2022 y 2024 alrededor de 1,7 millones de niños y niñas no recibieron al menos una de las vacunas correspondientes a su edad. La situación se vuelve más crítica en los refuerzos, donde se registran las caídas más pronunciadas. Por ejemplo, la cobertura de la vacuna triple viral —que protege contra sarampión, rubéola y paperas— alcanzó solo el 46,7% en niños de 5 años, mientras que la de poliomielitis se ubicó en el 47,6%, muy lejos de los niveles que superaban el 90% hace una década.
En el caso de los adolescentes, la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), fundamental para prevenir distintos tipos de cáncer, mostró coberturas del 55,5% en mujeres y del 50,9% en varones durante 2024. Estos valores reflejan una disminución significativa respecto de años anteriores y evidencian dificultades para sostener los esquemas de vacunación más allá de la primera infancia.
El informe también señala que el problema no se limita a la población pediátrica. En adultos y personas mayores, la vacunación presenta desafíos particulares vinculados a la organización del sistema de salud. A diferencia de la pediatría, donde el calendario estructura las consultas, en la adultez la atención se fragmenta entre distintos especialistas, lo que puede diluir la recomendación activa de las vacunas.
Entre los factores que explican la caída en las coberturas se identifican barreras de acceso —como horarios limitados en centros de salud, distancias o dificultades laborales—, así como una percepción de riesgo disminuida. El éxito histórico de las campañas de inmunización, que redujo la circulación de muchas enfermedades, contribuyó a que parte de la población subestime su impacto.
A esto se suma la circulación de desinformación, especialmente en redes sociales, y una reticencia que, según el informe, es difusa y multicausal. Este fenómeno resulta particularmente visible en jóvenes de entre 15 y 25 años, un grupo en el que se observa menor adherencia a los esquemas de vacunación.
A nivel global, la importancia de sostener altas coberturas es clara: la vacunación evita entre 3,5 y 5 millones de muertes cada año y ha permitido salvar más de 154 millones de vidas en los últimos 50 años. La reducción de enfermedades como la poliomielitis, el sarampión o la viruela demuestra su impacto en la salud pública.
En este contexto, especialistas coinciden en que el principal desafío ya no es iniciar la vacunación, sino sostenerla y completar los esquemas en todas las etapas de la vida. El enfoque de “curso de vida”, que promueve la inmunización desde la infancia hasta la adultez, aparece como una estrategia clave para revertir la tendencia actual.









