Automedicación: el riesgo de aliviar los síntomas mientras la enfermedad continúa avanzando
Tomar un analgésico para un dolor de cabeza, un antibiótico que quedó de un tratamiento anterior o un medicamento recomendado por un familiar son prácticas habituales para muchas personas. Sin embargo, los especialistas advierten que la automedicación representa un problema de salud pública que puede retrasar diagnósticos, favorecer complicaciones y aumentar la resistencia a los antibióticos, uno de los desafíos sanitarios más importantes a nivel mundial.
Por Dr. Daniel Cassola
La dimensión del fenómeno es significativa. De acuerdo con datos del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFYB), el porcentaje de personas que se automedican en Argentina pasó del 30% al 80% en las últimas dos décadas, ubicando al país entre los de mayor consumo de medicamentos sin prescripción en América.
Aunque muchos medicamentos de venta libre son seguros cuando se utilizan correctamente, los expertos recuerdan que ningún fármaco está exento de riesgos. El principal problema aparece cuando los medicamentos se emplean para aliviar síntomas sin identificar la causa que los provoca. De esta manera, el dolor, la fiebre o la inflamación pueden disminuir temporalmente mientras la enfermedad que los originó continúa evolucionando.
Esta situación puede retrasar el diagnóstico de patologías que requieren un tratamiento específico, además de generar una falsa sensación de mejoría que posterga la consulta médica. En algunos casos, ese retraso puede traducirse en cuadros más complejos o en complicaciones que podrían haberse evitado con una atención oportuna.
Otro de los riesgos asociados a la automedicación es la posibilidad de sufrir efectos adversos o interacciones entre distintos medicamentos. La combinación de fármacos sin supervisión profesional puede disminuir la eficacia de algunos tratamientos o aumentar su toxicidad, favoreciendo lesiones hepáticas, renales o gastrointestinales, especialmente cuando se superan las dosis recomendadas o se prolonga el consumo más allá del tiempo indicado.
Uno de los aspectos que genera mayor preocupación entre los especialistas es el uso inadecuado de antibióticos. Estos medicamentos solamente resultan eficaces frente a infecciones bacterianas, por lo que no deben utilizarse para tratar enfermedades causadas por virus, como la gripe o la mayoría de los resfríos.
Además, interrumpir un tratamiento antes del tiempo indicado o utilizar antibióticos sin indicación médica favorece la aparición de bacterias resistentes. Este fenómeno reduce progresivamente la eficacia de los tratamientos disponibles y dificulta el control de infecciones que hasta hace algunos años podían tratarse sin mayores complicaciones.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera a la resistencia a los antimicrobianos una de las diez principales amenazas para la salud pública mundial. El organismo advierte que, si no se implementan medidas eficaces para contener este problema, podría provocar más de 10 millones de muertes por año hacia 2050.
Existen además grupos especialmente vulnerables frente a las consecuencias de la automedicación. En niños, mujeres embarazadas, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas, como hipertensión arterial o diabetes, una dosis inadecuada o un medicamento contraindicado puede desencadenar complicaciones importantes e incluso descompensaciones agudas.
A esto se suma el incremento del consumo de algunos medicamentos que requieren especial control. Según datos de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar), la prevalencia del uso de tranquilizantes supera el 14% de la población y aumenta de manera sostenida con la edad, alcanzando más del 31% entre las personas de 66 a 75 años.
Frente a este escenario, los especialistas recomiendan consultar siempre con un profesional de la salud antes de iniciar, modificar o suspender cualquier tratamiento farmacológico. Asimismo, destacan el papel del farmacéutico para orientar sobre el uso correcto de los medicamentos de venta libre y aclarar dudas relacionadas con dosis, contraindicaciones o posibles interacciones.
También aconsejan respetar estrictamente los horarios y la duración de los tratamientos, conservar los medicamentos en sus envases originales junto con el prospecto y evitar compartirlos con otras personas, incluso cuando los síntomas parezcan similares.
