Invierno: por qué aumenta el riesgo de deshidratación en los adultos mayores y cómo prevenirla
Por Redacción Curar con Opinión
Aunque la deshidratación suele asociarse con el verano y las altas temperaturas, los especialistas advierten que durante el invierno también representa un riesgo importante, especialmente para los adultos mayores. La disminución de la sensación de sed, el menor consumo de líquidos y el uso de sistemas de calefacción favorecen una pérdida de agua que muchas veces pasa inadvertida y puede derivar en complicaciones de salud.
Con el descenso de las temperaturas, es habitual que muchas personas reduzcan la ingesta de agua porque sienten menos necesidad de beber. En los adultos mayores, este fenómeno es aún más marcado debido a cambios fisiológicos propios del envejecimiento, lo que incrementa el riesgo de deshidratación incluso sin realizar actividad física intensa o exponerse al calor.
Los especialistas alertan que esta falta de hidratación puede provocar cuadros de confusión, infecciones urinarias, hipotensión, mareos y un mayor riesgo de caídas, además de favorecer internaciones cuando el déficit de líquidos no se detecta a tiempo.
Entre los principales signos de alarma se encuentran la boca seca, la saliva espesa, la orina de color oscuro, la piel seca y con menor elasticidad, así como la aparición de somnolencia, letargo o episodios de desorientación. Ante estos síntomas, recomiendan consultar rápidamente con un profesional de la salud.
Para prevenir estas complicaciones, los expertos aconsejan ofrecer líquidos de manera frecuente, sin esperar a que aparezca la sensación de sed. Durante el invierno, las infusiones, los caldos y las sopas constituyen una alternativa para favorecer una adecuada hidratación. También resulta beneficioso incorporar frutas y verduras con alto contenido de agua como parte de la alimentación diaria.
