Alarma por el avance del cáncer de pulmón en Argentina: proyectan un aumento cercano al 80% para 2050

El crecimiento sostenido del cáncer de pulmón en Argentina configura un escenario que los especialistas describen como una verdadera señal de alarma sanitaria.

Por Dr. Daniel Cassola

Aunque cada 17 de noviembre el mundo recuerda esta enfermedad en el marco del Día Internacional del Cáncer de Pulmón, la conmemoración funciona más como un recordatorio que como el centro del debate. Lo urgente, advierten los expertos, es la curva ascendente de diagnósticos en el país y el impacto que tendrá en las próximas décadas si no se intensifican las políticas de prevención y detección temprana.

Actualmente, el cáncer de pulmón es la primera causa de muerte por cáncer en Argentina y la segunda en incidencia, con unos 12.000 nuevos diagnósticos y alrededor de 10.000 fallecimientos por año. Las proyecciones de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer son contundentes: de mantenerse las tendencias actuales, el número de casos podría incrementarse casi un 80 por ciento hacia 2050. Este horizonte plantea un desafío de enorme magnitud, especialmente en un contexto donde la enfermedad sigue detectándose mayormente en etapas avanzadas.

A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud estima entre 1,8 y 2,2 millones de muertes anuales por esta patología, lo que representa alrededor del 20 por ciento de todos los fallecimientos por cáncer. En Argentina, el tabaquismo continúa explicando cerca del 80 por ciento de los diagnósticos, pero en los últimos años comenzó a ganar relevancia un fenómeno inquietante: el aumento de casos en personas que nunca fumaron. Factores como la contaminación del aire, la exposición a gases diésel, el asbesto y el radón, junto con componentes genéticos, están ampliando el perfil de riesgo y exigen nuevas estrategias de vigilancia.

El cáncer de pulmón no es una enfermedad exclusiva de fumadores y síntomas como la tos persistente, la presencia de sangre en la flema, el dolor torácico o la dificultad para respirar deben motivar una evaluación profesional. El problema es que, al ser silencioso en sus fases iniciales, cerca del 70 por ciento de los casos se diagnostican cuando el tumor ya avanzó, reduciendo las probabilidades de éxito terapéutico.

Frente a este panorama, los programas de detección temprana mediante tomografía computada de baja dosis se posicionan como la herramienta más efectiva disponible. El Consenso Nacional recomienda realizar este estudio una vez al año en personas de entre 55 y 74 años con alto riesgo, es decir, fumadores actuales o exfumadores con antecedentes de al menos 30 paquetes-año y que hayan dejado el cigarrillo hace menos de 15 años. La evidencia internacional muestra que esta práctica puede reducir la mortalidad hasta en un 20 por ciento y, además, evitar costos muy elevados para el sistema de salud, ya que tratar estadios avanzados demanda recursos hasta diez veces mayores.

El impacto económico sobre los pacientes también es un aspecto que preocupa. Un estudio del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria reveló que casi la mitad de quienes reciben el diagnóstico pierde ingresos, mientras que el 16 por ciento queda sin trabajo y el 68 por ciento enfrenta una “toxicidad financiera” por gastos médicos y reducción de la actividad laboral. Estas cifras muestran que el cáncer de pulmón no solo afecta la salud, sino también la estabilidad económica y emocional de las familias.

Por eso, los especialistas insisten en la necesidad de adoptar un enfoque integral que combine programas de tamizaje, apoyo para dejar de fumar y controles cardiovasculares, dado que muchas personas en riesgo comparten factores asociados a otras enfermedades crónicas.

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