La caída abrupta en la cobertura de vacunación infantil en la Argentina encendió una alarma profunda entre especialistas, autoridades sanitarias y organizaciones dedicadas a la salud pública.
Por Dr. Daniel Cassola
Los últimos informes oficiales revelaron un panorama preocupante: los refuerzos que deben aplicarse entre los 5 y 6 años alcanzaron en 2024 los niveles más bajos de los últimos quince años. Según los datos difundidos, menos de la mitad de los niños recibió las dosis obligatorias del ingreso escolar, un retroceso que deja expuestas a miles de familias a enfermedades que se consideraban bajo control.
La situación no es aislada. Las vacunas previstas para los 11 años, fundamentales para reforzar defensas contra distintas enfermedades transmisibles, también registraron un descenso cercano a los diez puntos porcentuales. El caso más crítico es el de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), que pasó de niveles históricamente altos a una cobertura que, en 2024, alcanzó apenas a la mitad de las niñas y niños preadolescentes. Esta baja implica un aumento del riesgo de enfermedades asociadas al virus, muchas de ellas prevenibles con una única dosis administrada a tiempo.
Los registros históricos muestran mejor la magnitud del retroceso. El refuerzo antipoliomielítico aplicado al ingreso escolar nunca había descendido del 84% entre 2009 y 2019. Este año cayó a 47,6%. Si bien la poliomielitis fue erradicada del país, sigue circulando en distintas regiones del mundo, lo que incrementa el peligro de reintroducción. El infectólogo Ricardo Rüttimann insistió en que los esquemas incompletos facilitan el regreso de enfermedades que, aunque controladas, no han desaparecido globalmente.
Otra señal de alarma proviene de las cifras vinculadas a la triple viral, vacuna clave para evitar paperas, rubéola y sarampión. La cobertura nacional se ubicó en 46,7%, muy lejos del histórico cercano al 90%. Este descenso ocurre en un contexto continental aún más inquietante: la Organización Panamericana de la Salud anunció que las Américas ya no son consideradas una región libre de transmisión endémica del sarampión. La circulación sostenida del virus en Canadá durante más de un año fue determinante para esa recalificación. A comienzos de noviembre de 2025 ya se contabilizaban más de 12.500 casos confirmados en diez países, un incremento de treinta veces respecto del año anterior.
La caída de coberturas también alcanza a vacunas igualmente esenciales. Apenas el 45,8% de los chicos recibió la vacuna contra la varicela. La triple bacteriana celular, que previene tos convulsa, descendió a 46,4%. Entre preadolescentes, la triple bacteriana acelular quedó en 54%, y la vacuna contra el meningococo alcanzó sólo al 51,9% de la población objetivo. En todos los casos, los especialistas advierten que se debilita la protección colectiva, indispensable para frenar contagios en grupos vulnerables.
A este escenario se suma una diferencia metodológica que complica la lectura de los datos. El Ministerio de Salud incorporó el indicador de “cobertura ampliada por cohorte”, que contempla dosis aplicadas en un período más extenso del año calendario. Este cambio permitió mostrar una mejora relativa en algunos indicadores, pero dificulta la comparación con series históricas y obliga a recalcular tendencias para evitar interpretaciones erróneas.
Sin embargo, el problema no parece limitarse al acceso o al registro. Distintos especialistas reconocen que creció la desconfianza hacia las vacunas, incluso dentro del propio sistema médico. Si un pediatra duda, la familia también lo hace. A esto se suma la ausencia de campañas oficiales masivas, antes habituales en contextos de riesgo epidemiológico. El especialista Oscar Atienza subrayó que la baja cobertura se refleja en el aumento de enfermedades prevenibles, con incrementos pronunciados en sarampión, hepatitis A y tos convulsa.
El fenómeno antivacunas, advierten expertos, también se fortaleció y logró instalar temores infundados. Mientras tanto, enfermedades que parecían parte del pasado reaparecen con fuerza, y los especialistas coinciden en un reclamo común: sin vacunación sistemática y sostenida, el país retrocede en salud pública.









