Casi el 30% de los argentinos presenta síntomas de ansiedad o depresión, según un informe de la UCA
La salud mental constituye uno de los principales desafíos sanitarios en Argentina, donde una proporción creciente de la población manifiesta síntomas de ansiedad, depresión y otros problemas relacionados con el bienestar emocional. Según el último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), correspondiente al período 2024-2025, el 28,1% de los adultos presenta síntomas moderados o severos de ansiedad y depresión.
Por Dr. Daniel Cassola
El porcentaje representa el nivel más elevado registrado durante los últimos 14 años y refleja una problemática que atraviesa diferentes edades y sectores sociales. Aunque experimentar malestar psicológico no equivale necesariamente a tener un trastorno mental diagnosticado, la persistencia de estos síntomas puede afectar considerablemente la calidad de vida.
De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), aproximadamente una de cada tres personas en Argentina presenta algún problema de salud mental a partir de los 20 años. Entre las afecciones más frecuentes se encuentran los trastornos de ansiedad, las alteraciones del estado de ánimo y las dificultades asociadas al consumo de sustancias.
Ansiedad, depresión y automedicación: los principales riesgos
Los problemas de salud mental pueden manifestarse de distintas maneras y no siempre resultan fáciles de identificar. Alteraciones persistentes del sueño, irritabilidad, cambios bruscos de ánimo, dificultades para concentrarse, tristeza prolongada y preocupación excesiva son algunas señales que pueden justificar una evaluación profesional.
Estas manifestaciones pueden relacionarse con situaciones personales, familiares, laborales o económicas, aunque también pueden formar parte de trastornos que requieren atención específica. Una de las preocupaciones de los especialistas es el consumo de psicofármacos sin indicación médica. Ansiolíticos, medicamentos para dormir y antidepresivos pueden utilizarse incorrectamente cuando una persona busca aliviar rápidamente sus síntomas o sigue recomendaciones de familiares y conocidos.
Esta práctica implica riesgos importantes. Algunos psicofármacos, especialmente determinadas sustancias utilizadas para tratar la ansiedad y el insomnio, pueden generar tolerancia, dependencia y síntomas de abstinencia cuando se consumen sin supervisión o se suspenden de manera inadecuada. Además, utilizar medicamentos sin una evaluación previa puede retrasar el diagnóstico de la causa del malestar y dificultar la elección del tratamiento más adecuado.
Por este motivo, ante síntomas persistentes, la recomendación es consultar con profesionales de psicología, psiquiatría o medicina general, quienes pueden determinar la necesidad de acompañamiento terapéutico, tratamiento farmacológico u otras intervenciones.
La importancia de la atención temprana y de superar los prejuicios
Más allá de las cifras, uno de los principales obstáculos para abordar los problemas de salud mental continúa siendo el estigma social. El temor a recibir críticas, sufrir discriminación o ser considerado incapaz puede retrasar la búsqueda de ayuda. Los especialistas recuerdan que atravesar un problema de salud mental no implica necesariamente una condición permanente. Numerosos cuadros pueden mejorar mediante intervenciones oportunas, acompañamiento profesional y redes de apoyo.
También destacan que las personas con trastornos mentales no deben ser asociadas automáticamente con comportamientos violentos. Esta percepción contribuye a profundizar los prejuicios y puede generar situaciones de exclusión social. Otro aspecto fundamental es fortalecer los dispositivos de atención comunitaria. El abordaje de la salud mental no debería depender exclusivamente de instituciones especializadas o internaciones prolongadas, sino integrarse a los servicios sanitarios generales.
La atención cercana al lugar de residencia permite favorecer la continuidad de los tratamientos, mantener los vínculos familiares y sociales y detectar tempranamente situaciones que requieren intervenciones específicas. Asimismo, resulta necesario considerar la relación entre salud física y mental. Los trastornos emocionales pueden influir sobre el descanso, la alimentación, las relaciones personales y el manejo de enfermedades crónicas, mientras que determinadas condiciones físicas también pueden afectar el bienestar psicológico.
El dato de que más de una cuarta parte de los adultos argentinos presenta síntomas significativos de ansiedad o depresión constituye una señal de alerta sanitaria.
