Por Dr. Daniel Cassola
Durante años se han difundido una serie de mitos sobre el Herpes Zóster o Culebrilla, que ante la presentación de la nueva vacuna, vale la pena aclarar.
Quizás la atención popular se haya centrado sobre la culebrilla porque se trata de un padecimiento que es sumamente doloroso. Ya en su nombre encontramos el primero de los mitos.
Los gauchos de la Pampa Húmeda, le pusieron culebrilla porque pensaron que la infección se producía por el veneno que largaba la culebra al pasar por la ropa que se estaba secando sobre los sembradíos. Entonces cuando el gaucho se ponía la ropa seca, con el veneno de la culebra, contraía con posterioridad la culebrilla.
Desde hace tiempo que está probado que el Herpes Zóster es provocado por el virus de la varicela. Quienes hayan tenido varicela o hayan estado en contacto con el virus, son candidatos a tener culebrilla. De hecho, uno de cada tres argentinos la va a padecer. Se diagnostican alrededor de 100 mil casos por año.
La cuestión es que con el paso del tiempo las defensas naturales del cuerpo se debilitan y el virus, que se mantiene latente en los ganglios, puede volver a manifestarse. Y lo hace provocando lesiones y ampollas en la piel que son sumamente dolorosas porque lastiman los nervios superficiales, que son los más sensitivos. En muchos casos, la culebrilla llega a un umbral del dolor que puede ser discapacitante.
Ante los síntomas de la culebrilla, se han elaborado en el imaginario popular una serie de tratamientos que, al fin de cuentas resultan inocuos. El primero de ellos consistía en pasar un sapo sobre las heridas. De esta manera, se pensaba que el animal absorbía el veneno que provoca la infección.
Pero quizás el mito más famoso sobre la culebrilla sea el que tiene que ver con la tinta china. Se solía pensar que si las heridas de la culebrilla completaban un anillo alrededor del cuerpo, el paciente moría. Por ello, se utilizaba tinta china o de cualquier otro tipo, para “acorralar” a las ampollas que provoca la enfermedad.
En otros países de gran influencia en Argentina como en Italia y España, la culebrilla es conocida como el “fuego de San Antonio”. La creencia popular allí dictaba que había que escribir los nombres de “Jesús”, “María” y “José” alrededor de las heridas.
Todas estas cuestiones deberían pasar al olvido, ya que ayer se anunció que a partir de octubre se podrá conseguir, en farmacias, una vacuna contra la culebrilla. La misma reduce en un 61,1 por ciento la posibilidad de contraer la infección, y las neuralgias en un 66,5 por ciento de los casos.
El avance de la ciencia no deja lugar para que las falsas creencias se sigan reproduciendo.










