Con frecuencia los políticos son desmesurados

FORO INTERNACIONAL DE MUJERES

Carrió comparó a Scioli con Hitler.

Por Dr. Daniel Cassola

La clase política argentina suele sufrir ataques de un síndrome que suele manifestarse ante la proximidad de las elecciones. Pero por lo visto y escuchado en los últimos días, estamos ante casos prematuros de disfunción declaratoria.

Proponemos este nombre, disfunción declaratoria, para aquellos casos en los que el político de turno dice algo que bien puede ser considerado como una barbaridad. Ya sea por cuestiones personales que no podemos analizar o por el mero hecho de llamar la atención, lo cierto es que cada tanto podemos recoger una serie de frases desafortunadas de una buena parte de los dirigentes locales.

En el contexto actual, a prácticamente un año de las PASO y las elecciones, parece muy prematuro comenzar con estas declaraciones. Sin embargo sucede.

En días pasados el primero que padeció de un ataque declaratorio fue el sindicalista Luis Barrionuevo. El histórico dirigente gastronómico dijo que en diciembre “estalla Argentina”. Recordemos que el año pasado, huelga policial mediante, volvieron los saqueos. No parece oportuno avivar fantasmas. Sin embargo, Barrionuevo lo hizo.

El segundo caso que se ha manifestado, ayer lunes, es el de la diputada Elisa Carrió. En una nueva desmesurada declaración comparó al gobernador Scioli con Hitler. Textualmente dijo lo siguiente:

“Scioli es la nada misma y es el que mejor imagen tiene. El primer hombre masa fue Hitler, porque la gente que se siente nada, vota a nada y un ejemplo es Scioli”.

No hace falta mucho análisis para concluir que la comparación, como la predicción de Barrionuevo, es desafortunada.

El tercer y último caso que tratamos tiene que ver con el oficialismo. Luego del acto de La Cámpora en Argentinos Juniors, uno de los principales dirigentes de la agrupación, el diputado Andrés Larroque, se preguntó: “¿Qué legitimidad puede tener un gobierno que no compitió contra la persona con mayor adhesión?”.

La pregunta alude a la imposibilidad de la presidenta a presentarse a una re re y, por lo tanto, a un tercer mandato consecutivo. Y, lo que es igual de grave, es que busca deslegitimar a un gobierno que ni siquiera fue electo. Como si fuera un ataque preventivo ante la imposibilidad de modificar la Constitución por la actual composición del Poder Legislativo.

Repasando los tres ejemplos, un dirigente político serio no debería llamar al caos público, ni comparar a funcionarios de la democracia con los peores dictadores. Y mucho menos instar a que se viole la Constitución y restar legitimidad democrática al proceso electoral.

Hay que ser cuidadoso con las palabras. Porque quien juega con fuego se puede terminar quemando.

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