Crisis migratoria: la importancia de la solidaridad

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La UE busca soluciones a la crisis migratoria.

Por Dr. Daniel Cassola

Por distintos motivos el Mar Mediterráneo se ha convertido en el obstáculo a salvar por cientos de miles de inmigrantes. Tanto en España, Italia, Grecia y Turquía, se viven situaciones desesperantes por aquellos que buscan refugio en Europa.

Hoy el foco está puesto en los emigrantes sirios. Siria está en guerra civil desde hace más de cuatro años. El presidente Bashar Al-Asad se niega a abandonar el poder al que aspiran distintos grupos rebeldes de la oposición.

La guerra civil en aquel país se ha transformado en una gran crisis humanitaria. Hay distintos campos de refugiados, los más numerosos en la frontera con Turquía, y miles de sirios que a diario huyen de las balas y las bombas. Muchos han perdido sus hogares.

Es importante recalcar estas cuestiones, porque quienes buscan refugio en Europa por estas horas son migrantes forzados. Se los considera de tal manera porque no tienen otra alternativa que abandonar sus hogares.

Ante una situación tan desesperante es importante recalcar un valor que debería ser un pilar en estas circunstancias. Nos referimos a la solidaridad. El término, en su orígen latín, alude a lo sólido, lo que está unido.

La solidaridad describe de modo circunstancial la adhesión a una causa o proyectos de terceros. Esa sería la definición de diccionario. En el caso concreto de la actualidad se trata de tender un puente, ayudar a quienes escapan de la guerra.

La crisis actual ha mostrado dos caras. Por un lado las estructuras de gobierno europeas han dado una respuesta poco solidaria a los inmigrantes. Todo comenzó a cambiar la semana pasada cuando el mundo se conmocionó por la foto de un niño muerto.

La imagen del niño sirio Aylan Kurdi, muerto en una playa turca, fue un mazazo. Hoy ya se habla de cómo los países centrales de Europa van a dar asilo a los inmigrantes.

Tanto en Medio Oriente como en el África el panorama no es alentador. Ya sea por catástrofes económicas, sociales o por el surgimiento de grupos extremistas, es probable que siga habiendo migraciones forzadas en el Mediterráneo.

En Hungría, Grecia y distintos puntos de Europa, los habitantes autóctonos, la gente de a pie, han intentado ayudar, en la medida de los posible, a los refugiados. Esas pequeñas muestras de solidaridad marcan el camino a seguir, al menos como alivio para quienes huyen de la guerra.

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