Desde Noruega un ejemplo de civilización

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Los noruegos realizaron un sistema tan exitoso que ya no gastan sino que ganan dinero procesando la basura.

Por Dr. Daniel Cassola

Cuando se habla de calidad de vida es ineludible mencionar a los países nórdicos. Desde hace décadas que los países del norte de Europa encabezan los rankings de bienestar y calidad democrática. Probablemente sean las sociedades mejor organizadas del planeta.

Lo que se suele conocer son los índices relativos a educación y salud. Generalmente tienen la mayor expectativa de vida y la tasa de escolarización más alta de la Tierra.

Pero hoy nos parece sumamente interesante comentarles un proyecto llevado a cabo en la ciudad de Oslo, la capital de Noruega. Lo hacemos porque se trata de un ejemplo de trabajo a largo plazo, compromiso y éxito.

Según ellos mismos dicen, los noruegos se jactan de ser un pueblo con un compromiso muy grande por la naturaleza. Por ello es que desarrollaron una manera innovadora de recolectar y tratar la basura.

Es tan bueno el trabajo que realizaron que hoy otros países europeos les pagan para enviarles su basura. En primer lugar llevaron adelante una campaña de concientización. Todos dividen la basura en tres bolsas de tres colores distintos. Hasta las familias cuando se van de camping llevan tres bolsas diferentes.

Unas son verdes, otras son azules y las terceras son blancas. Las azules contienen plásticos y se reciclan completamente. Las verdes llevan restos de alimentos, que se procesan y tienen dos destinos. Por un lado se producen fertilizantes y por otro se obtiene biogás, que es utilizado para los micros del sistema de transporte público de Oslo.

Nos quedan las bolsas blancas. Son las que llevan los demás desperdicios, los que no son ni plásticos ni alimentos. Esas son incineradas en hornos a una temperatura de 850 grados. Y el resultante de la combustión tiene dos destinos.

Por un lado la energía liberada mueve una serie de turbinas que dan energía eléctrica a todas las escuelas de la ciudad. Por otro lado, parte de esa energía se utiliza para alimentar la red de calefacción.

Solo las cenizas resultantes, un 20 por ciento del material que ingresa a las plantas, se entierran en rellenos sanitarios. El sistema es tan exitoso que los noruegos, en vez de destinar cuantiosas partidas de presupuesto a la recolección y tratamiento de la basura, ganan dinero.

Desde el Reino Unido les envían basura en barcos por lo que además les pagan una tarifa. Como las plantas de tratamiento tienen capacidad excedente los noruegos toman esa basura y la convierten en energía, combustible o la reciclan. Y encima les pagan por hacerlo.

Esto es un verdadero ejemplo de civilización. Sin grandes secretos, educando a la población, y con un trabajo serio y a largo plazo puede ser posible.

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