El Alzheimer, una epidemia para la tercera edad

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Por Dr. Daniel Cassola

El Mal de Alzheimer, descrito por primera vez por el científico Alois Alzheimer en 1906, es considerada una epidemia para los adultos mayores, ya que afecta la diez por ciento de los mayores de 65 años y a la mitad de los que han superado los 85 años. Si bien la enfermedad puede aparecer tempranamente por factores genéticos (solo el uno por ciento de los casos) su principal factor de riesgo es la edad.

En la actualidad el Ministerio de Salud de la Nación considera que la enfermedad irá en aumento porque la pirámide poblacional está envejecida. Según estudios epidemiológicos, en Argentina el 26 por ciento de los mayores de 60 años presenta deterioro cognitivo y el 8 por ciento demencia. Además el costo del tratamiento del Mal de Alzheimer se considera entre 3400 y 14 mil dólares por año por paciente.

En lo que refiere a los síntomas, es importante distinguir lo que pueden ser manifestaciones patológicas de lo que es el deterioro normal y natural que produce el envejecimiento. Lo que queremos decir es que no todo olvido es sinónimo de Alzheimer.

Una persona mayor puede olvidar nombres en determinadas circunstancias, pero si al tiempo logra recordarlos no hay que preocuparse. Sí hay que estar alerta si los olvidos son constantes. Por ejemplo, si un adulto mayor pregunta reiteradas veces por lo mismo.

Otra señal de alarma se puede producir con las tareas cotidianas del hogar. Puede pasar que un adulto mayor tenga cierta dificultad para manejar aparatos de última generación con muchos programas. Pero no es normal olvidar la llave de gas prendida, la plancha enchufada o las llaves puestas en la puerta. A esos eventos son a los que tenemos que prestarle mayor atención.

En el habla también podemos distinguir señales entre el envejecimiento normal y el Alzheimer. Puede suceder que tengamos algo en la punta de la lengua, como se dice comúnmente, y no lo podamos decir. Pero bien diferente es detenerse en el medio de una oración porque nos olvidamos lo que estábamos diciendo. O repetir muchas veces lo mismo, sobre todo si esa no era una conducta habitual en la persona.

Por último quienes padecen Alzheimer pueden cambiar su personalidad, sentirse confundidas, perseguidas, deprimidas o ansiosas. Se pueden enojar fácilmente con su entorno, haciendo muy difícil la convivencia.

Esto ocurre, por sobre todo, por no poder darse cuenta de que están enfermos y esto hace que se enojen con su entorno cuando se les marca un error o cuando no se les permite hacer alguna tarea que ellos consideran que pueden seguir haciendo sin problemas.

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