El consumo de somníferos en la tercera edad puede ser más un problema que una solución

Por Dr. Daniel Cassola

Según datos del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos existe una tendencia que se ha consolidado con respecto al consumo de medicamentos para inducir el sueño. Cada vez se utilizan más. Entre 2007 y 2016 se registra una suba en las ventas de estos productos del 53 por ciento.

Según los especialistas hay varios factores que explican el fenómeno. En primer lugar existen muchos pacientes que comienzan a tomar estos medicamentos por alguna cuestión puntual y luego regularizan el consumo. También se indica que es frecuente que los médicos los prescriban por motivos que no siempre quedan claros.

Lo que es más preocupante que el consumo en sí, es quiénes son los que consumen. Tanto este informe como otros estudios coinciden en señalar que su uso aumenta con la edad. Justamente los efectos adversos de los medicamentos que se utilizan para inducir el sueño son más pronunciados en la tercera edad.

Por ejemplo, su uso prolongado es un factor de riesgo importante para problemas cognitivos. Además aumenta el riesgo de caídas, con las implicancias que esto puede tener para un adulto mayor. Una fractura de cadera puede llegar a ser una verdadera tragedia.

Además, ya pensando en todo tipo de consumidores, la ingesta continua de estas pastillas desarrolla tolerancia en el organismo, por lo que con el tiempo se necesita una dosis mayor para lograr los mismos efectos. También pueden crear dependencia física y psicológica. Daniel Cardinali, director de Docencia e Investigación de la Facultad de Medicina de la UCA e investigador del Conicet, destaca que la adictividad de estos fármacos es equivalente a la de la cocaína y el crack, y duplica la de la marihuana.

Hay distintas conductas que se recomiendan para poder conciliar el sueño sin recurrir a drogas. Se recomienda, entre otras cosas, evitar la temperatura elevada en el cuarto, al igual que la luz o el ruido, no tomar alcohol ni café antes de acostarse y tratar de ponerse ansioso. Si uno no logra dormirse rápidamente no hay que quedarse dando vueltas en la cama, sino levantarse e intentarlo un momento más tarde. Por otra parte, hay técnicas no farmacológicas que se pueden intentar antes de recurrir a las pastillas.

La conducta más riesgosa de todas es la auto prescripción. No hay cosa peor que tomar medicamentos sin ningún tipo de seguimiento por parte de un profesional. Si tenemos un problema como lo es la dificultad para dormir no debemos agravarlo con otro.

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