El dengue anda cerca

El dengue parece que anda cerca de Catamarca, por lo que se incrementaron las acciones preventivas. Y las presunciones de que podría estar ya en la provincia no pierde fuerza solo porque los casos sospechosos quedaron descartados después de que los estudios médicos hechos en el Hospital San Juan Bautista demostraron que los síntomas observados no corresponden a la enfermedad temida. Según la información oficial, en el término de un mes y medio, 60 personas que podrían haber contraído el dengue resultaron libres del mal. El laboratorio central del Ministerio de Salud de la provincia atiende, por día, 2 o 3 posibles afectados por el virus portado por el mosquito aedes aegypti.
Alguien podría observar que, en verdad, este enemigo no está tan cerca como para alarmarse, porque Córdoba, donde los temores se han confirmado, tiene tanto contacto con los catamarqueños, que no sería extraño que el contagio se produjese por algún comprovinciano que regresara de esa ciudad con el virus. Se sabe que entre la capital cordobesa y esta provincia viajan por día 400 pasajeros.
En Córdoba, las noticias más recientes señalan que ya suman 6 los casos positivos detectados y que podría haber más entre otros 20 pacientes que están en la etapa de los estudios. Esta realidad ha motivado que el Ministerio de Salud cordobés haya declarado “brote” la circulación del dengue en su jurisdicción.
La preocupación, entonces, no es infundada tampoco en Catamarca, donde las autoridades sanitarias de la Provincia y de la Municipalidad de la Capital han intensificado las tareas de descacharrado en los barrios, particularmente en el sur capitalino, que tiene la mayor concentración de larvas del mosquito transmisor, de acuerdo con los últimos muestreos.
Nunca estará de más insistir en que la campaña de defensa frente al dengue requiere la participación de la comunidad entera, pues cualquier vivienda podría convertirse en foco amenazante, si sus moradores no eliminan, en los espacio de sus casas, todo recipiente que pudiera conservar agua durante más de 3 días y transformarse, así, en inmejorable medio para la proliferación de larvas.
El dengue, por otra parte, es una enfermedad de cuidado, dolorosa y hasta mortal. Un mal cuya prevención no solo requiere la acción individual, sino, además la de los otros y la del Estado. No hay familia a salvo sin barrios a salvo, ni barrios libres de peligro sin la ciudad igualmente libre, podría decirse. Lo que hace falta es una especie de pacto social que asegure contra el alado generador del indeseable virus.
Los últimos años han puesto a los catamarqueños en relación con el dengue. Ya no es un invasor. Se conocen los modos de combatirlo, no por exclusiva información de manuales, sino también por experiencias, por haber aprendido en una práctica tan reiterada y con miras a repetirse indefinidamente, a través de los años.
Tal vez lo único bueno que podría decirse del dengue sea que en gran medida la prevención está al alcance de las comunidades. No es la inflación, que cae desde Olimpos incontrolables para el pueblo del llano.

EL ANCASTI (ONLINE)

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