El desafío del ACV en mayores de 40 años y el impacto del nuevo Código de ACV Hemorrágico
Según estimaciones locales, el 2% de la población mayor de 40 años en Argentina vive con secuelas de un ACV.
Por Dr. Daniel Cassola
En Argentina, el accidente cerebrovascular (ACV) afecta significativamente a la población mayor de 40 años, especialmente debido a las secuelas que persisten después del evento. Según el estudio EstEPA, aproximadamente el 2% de las personas en este grupo etario vive con consecuencias permanentes de un ACV. Esto representa más de 340,000 personas, lo que evidencia la gravedad de esta patología en el país.
El ACV es una afección neurológica que ocurre cuando se altera la circulación en el cerebro. Existen dos tipos principales de ACV: el isquémico y el hemorrágico. El primero, causado por la obstrucción de los vasos sanguíneos en el cerebro, es responsable de la mayoría de los casos.
En contraste, el ACV hemorrágico se produce cuando hay una ruptura de los vasos sanguíneos, lo que provoca hemorragias dentro o alrededor del cerebro. Este tipo de ACV, que ocurre en el 10-15% de los casos, se asocia a tasas de mortalidad elevadas, alcanzando entre el 40% y el 50% a los 30 días después del evento, de acuerdo con la Dra. Virginia Pujol Lereis, subjefa del Centro Integral de Neurología Vascular de Fleni.
El doctor Sebastián Ameriso, jefe del Departamento de Neurología en Fleni, estima que anualmente se producen entre 50,000 y 60,000 nuevos casos de ACV en el país. Esta cifra resalta la importancia de una detección y tratamiento rápidos, ya que una intervención oportuna puede reducir tanto la mortalidad como la discapacidad a largo plazo.
Recientemente, la implementación del Código de ACV Hemorrágico ha revolucionado el enfoque de los equipos médicos hacia este tipo de ACV en Argentina. Basado en las directrices del estudio internacional INTERACT-3, este protocolo busca una atención coordinada y acelerada que incremente las posibilidades de supervivencia y minimice las secuelas. La Dra. Pujol Lereis subraya que el código propone una serie de intervenciones que deben implementarse en los primeros 60 minutos desde la llegada del paciente a la unidad de atención.
Entre las acciones contempladas en este protocolo se incluyen el control inmediato de la presión arterial, la regulación de la glucemia y la temperatura, y la reversión de la anticoagulación si el paciente la recibe. Para cumplir con estas intervenciones en tan poco tiempo, se requiere la colaboración interdisciplinaria de especialistas en emergencias, neurología, cuidados intensivos y neurocirugía.
