El otro lado del avance de la tecnología: dependencia y malestar
En la historia de la humanidad, la ciencia y la tecnología nunca habían avanzado como en las últimas décadas. ¿Ya somos una especie completamente dependiente de internet, computadoras y teléfonos celulares?
Por Dr. Daniel Cassola
En el año 1900 la mayor parte de la población mundial todavía no tenía acceso a redes de electricidad. Muchos viajaban a caballo, en carruajes o a pie. A su vez, las únicas posibilidades de comunicación eran los encuentros cara a cara o el correo postal, que podía demorar semanas o meses.
Todo era distinto para el año 2000. La electricidad, los electrodomésticos, los automóviles y las computadoras se volvieron de uso común. Además, cada vez más personas comenzaban a usar teléfonos móviles que les permitían realizar y recibir llamadas desde cualquier lado.
Si hoy pensamos cómo vivíamos en el año 2000, poco más de 20 años atrás, nos podremos dar cuenta que el cambio desde entonces ha sido cada vez más vertiginoso y acelerado. La conexión a internet de banda ancha, la extensión de los celulares y el desarrollo de múltiples aplicaciones cambiaron por completo el estilo de vida de millones de personas.
Hoy el celular nos dice adónde ir a través de distintos programas que usan la tecnología GPS. Cada vez menos personas utilizan teléfonos de línea y es prácticamente imposible recordar los números de los celulares. Quizás haya quien recuerde uno o dos. Pero seguramente hay muchas personas que ya no se saben ningún teléfono de memoria.
Por otra parte, la tecnología también está avanzando a pasos agigantados en lo que se refiere a medios de pago. Hoy es posible hacer casi todo sin efectivo, con tarjetas que tienen chips o medios de pago online. En resumen, en su celular una persona tiene a todos sus contactos personales y laborales y sus medios de pago. También cuenta con un mapa para llegar adonde desee y puede pedir productos a supermercados o comida a restaurantes con unas pocas acciones.
La primera pregunta que resulta interesante plantear en este contexto es: ¿Qué pasa si un día la tecnología falla? En ese caso, millones de personas no van a poder comunicarse con sus seres queridos o compañeros de trabajo, no van a saber cómo llegar adonde tienen que ir y es probable que tampoco puedan acceder a parte de su dinero.
Por otra parte, no hace falta pensar en una crisis para considerar los efectos negativos de la expansión de la tecnología. Actualmente, se están desarrollando distintas líneas de investigación en este sentido. Una de las más interesantes es la que busca ahondar sobre la pérdida de la esencia social de las personas. Esto se debe a que mucha gente está perdiendo sus habilidades interpersonales.
Por otra parte, distintos investigadores han encontrado pruebas de que las personas que usan la tecnología en exceso pueden desarrollar una química cerebral y patrones neuronales similares a los que tienen los adictos a distintas sustancias. Pero, en el mundo actual, ¿cuánto es un uso excesivo? ¿Si usamos la tecnología prácticamente para todas las actividades de nuestra vida, cuál es límite entre el uso sano y el que resulta perjudicial? En cualquier caso, se trata de una línea muy difícil de trazar.
Asimismo, la dependencia de la tecnología se ha relacionado en distintos estudios de salud a una mayor incidencia de la ansiedad y la depresión. Esto se debe a múltiples factores. En primer lugar la exposición a pantallas durante la noche dificulta el sueño. Por otra parte, el uso de redes sociales o aplicaciones para socializar generan presión en la gente. Al mismo tiempo, muchas personas sufren de acoso o abuso a través de estas plataformas.
Por ejemplo, un estudio realizado por una universidad estadounidense ha comprobado que muchos usuarios de la red social Facebook experimentan envidia cuando ven las actividades y el estilo de vida de sus amigos o conocidos. A su vez, estas personas tienen una mayor posibilidad de sufrir depresión.
Otro problema que ha introducido esta nueva manera de comunicación es la impaciencia. Cuando las respuestas no son inmediatas la gente se frustra. Del otro lado, es sumamente desgastante y prácticamente imposible estar disponible todo el tiempo para todo el mundo.
Por último, la dependencia de la tecnología puede afectar a la memoria. Hoy todo se filma o se fotografía, como si nuestro cerebro pudiera olvidarse al instante de lo que hemos vivido.
Todos estos avances tecnológicos continúan desarrollándose día a día. Es probable que en unos meses o en unos pocos años este panorama que describimos haya cambiado por el avance de la inteligencia artificial o por el desarrollo de otra nueva tecnología que aún desconocemos.
Si bien el avance tecnológico parece imparable, creemos que vale la pena frenar unos minutos e intentar reflexionar sobre este problema. ¿Hacia dónde nos lleva la tecnología?
¿Es peligroso hacer todo a través de una pantalla?
