El Papa de los adultos mayores

 

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El Papa Francisco en diálogo con la tercera edad.

Por Dr. Daniel Cassola

Hoy por hoy el dirigente argentino que más se preocupa por la tercera edad y los adultos mayores es, sin lugar a dudas, el Papa Francisco.

El contraste entre él y los más salientes dirigentes de la política nacional es notorio. La presidenta Cristina Fernández, por ejemplo, dedicó apenas unos minutos y unas pocas líneas en su discurso de cuatro horas a la tercera edad. Apenas una mención para las jubilaciones y otra para el PAMI y nada más.

En los candidatos de la oposición y el oficialismo la situación es más o menos la misma. Cuando hablan de proyectos mencionan la baja de impuestos al campo y la estabilización del dólar. Los oficialistas dicen que vienen a sostener las conquistas sociales logradas, mientras que los opositores sostienen que van a combatir tanto la inflación como la seguridad. Pero de los viejos poco y nada.

En contraste, la semana pasada Francisco dedicó un nuevo sermón a la tercera edad. Fue pronunciado ante una multitud en la Plaza de San Pedro. Allí el Papa recordó que cuando todavía era Jorge Bergoglio recorría periódicamente asilos y hogares de ancianos en la Ciudad de Buenos Aires.

De esa experiencia y de conversar con los mayores, el Papa recordó la gran cantidad de personas que le contaban la situación de abandono en la que vivían. Cuándo los consultaba por hijos o nietos, le respondían que la última visita había sido hacía meses o años.

Por eso el Papa consideró que abandonar a los ancianos es “un pecado mortal”. También consideró que una “sociedad donde no hay lugar para los viejos no tiene futuro para los jóvenes”.

En el mismo tono continuó: “Los ancianos están abandonados y no solo en la precariedad material sino en las numerosas dificultades que hoy deben superar para sobrevivir en una sociedad que no les permite participar. Los ancianos deberían ser para toda la sociedad la reserva de sabiduría de nuestro pueblo”.

Por último consideró que: “Los ancianos son hombres y mujeres, padres y madres, que han estado antes en una buena vida. Hombres y mujeres de los que hemos recibido mucho. El anciano no es un ser ajeno, el anciano somos nosotros. Esto es inevitable dentro de poco o mucho. Si no aprendemos a tratar a los ancianos, así nos tratarán a nosotros”.

El mensaje es clarísimo. Nadie es joven para siempre. Así como tratamos hoy a los ancianos, nos van a tratar a nosotros cuando lleguemos a la tercera edad.

Ojalá que el mensaje llegue a los oídos de quienes deberían escucharlo.

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