El sedentarismo también es un problema de la tercera edad

Por Dr. Daniel Cassola

La expectativa de vida ha registrado un aumento considerable con respecto a las últimas décadas y al siglo pasado. Hoy no es infrecuente que alguien cumpla 90 o más años. Las personas de 70 o 75 años, en muchos casos, no pueden ser considerados ancianos ya que son miembros plenamente integrados y activos en la sociedad.

Hay aspectos de la vida que van ligados con la calidad. Uno de ellos es la actividad física. Hay enfermedades que se tornan más graves con el paso del tiempo si es que ya las tenemos o más probables si es que aún no las hemos desarrollado.

Mantenerse en forma, realizar ejercicio es una de esas cosas que nos hace bien por sí misma pero que también repercute en el mediano y largo plazo. Según el último estudio sobre la tercera edad presentado hace días por la Universidad Católica Argentina (UCA), siete de cada diez mayores de 60 años no realiza actividad física. Es mucha gente que se entrega al sedentarismo. Según los mismos especialistas que confeccionaron el informe, la falta de actividad física es “una cuenta pendiente”.

Por su peso demográfico en este grupo etario, son más las mujeres que los hombres que dicen que no hacen ejercicio. Por otro lado, el 28,4% de los que no hacen ejercicio dicen que no tienen problemas de salud, mientras que un 25% tiene una enfermedad crónica u otras complicaciones físicas. El 69,7% de los mayores que fuman tienen hábitos más sedentarios.

«Residir en el conurbano o en las ciudades medias del interior triplica los riesgos de no hacer actividad física», afirma el equipo que coordinó Enrique Amadasi. Contar con espacios seguros para caminar y accesos «amigables» con los mayores a los sitios de uso público, ver a otras personas de la misma edad haciendo ejercicio, como caminatas en la plaza del barrio, y salir habitualmente a hacer actividad física con amigos o familiares son características del entorno que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, seducen a los adultos mayores a abandonar el sedentarismo.

El sedentarismo tan extendido revela una punta más del mismo problema. Mientras que la población de nuestra sociedad envejece, y por lo tanto cambia la composición de la misma, todavía no hemos dado el salto que nos permita entender que desde ahora mismo estamos viviendo en un mundo donde la tercera edad se ha vuelto un sector de la población con necesidades irresueltas.

La tercera edad, los que algunos siguen llamando “los jubilados” aunque muchos no lo sean, requiere de servicios para continuar con su vida de manera óptima. Es lógico que a muy pocos les preocupara qué hacen de sus vidas los nonagenarios hace 50 años, por la simple razón que eran muy pocos los que alcanzaban esa edad.

Quizás el primer paso para dar mayor calidad de vida a los mayores sea entender por completo que el mundo de la tercera edad ha cambiado, en los últimos años, como nunca antes en la historia de la humanidad.

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