El Síndrome Urémico Hemolítico registra la menor cantidad de casos de la última década

En lo que va de 2026 se notificaron 73 casos en Argentina, 39 menos que el promedio registrado entre 2021 y 2025. La enfermedad afecta especialmente a los niños pequeños y puede provocar un grave compromiso renal.

Por Dr. Daniel Cassola

Argentina registra la menor cantidad de casos de Síndrome Urémico Hemolítico (SUH) de los últimos diez años. De acuerdo con los datos del Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud (SNVS 2.0), durante 2026 se notificaron hasta el momento 73 casos en todo el país, el valor más bajo para el mismo período desde 2016.

La cifra representa 39 casos menos que el promedio registrado entre 2021 y 2025 y profundiza una tendencia descendente que también se observa entre los menores de cinco años, uno de los grupos particularmente afectados por esta enfermedad.

Los números de 2025 ya habían mostrado una disminución. Durante ese año se contabilizaron 209 casos, equivalentes a una incidencia de 0,44 cada 100.000 habitantes, la tasa más baja del período comprendido entre 2015 y 2025. Además, fueron 90 casos menos que el promedio anual registrado entre 2019 y 2024.

A pesar de esta evolución favorable, el SUH continúa siendo una enfermedad grave y una prioridad para la salud pública, especialmente por su impacto en la población pediátrica. Durante 2025, el 43% de los casos se concentró en niños de entre 2 y 4 años, mientras que los de un año representaron el 30%. Precisamente este último grupo presentó la mayor incidencia, con 8,6 casos cada 100.000 niños de esa edad.

Qué es el Síndrome Urémico Hemolítico

El SUH está asociado principalmente con infecciones provocadas por Escherichia coli productora de toxina Shiga (STEC). La bacteria puede transmitirse mediante alimentos contaminados o insuficientemente cocidos y por el consumo de agua no segura.

También puede existir transmisión entre personas, especialmente cuando no se realiza una adecuada higiene de manos, por ejemplo después de cambiar pañales. El contacto con animales que funcionan como reservorios de la bacteria constituye otra posible vía de exposición.

La enfermedad suele comenzar con síntomas gastrointestinales, principalmente diarrea, que con frecuencia puede presentar sangre, además de vómitos y fiebre. Posteriormente pueden aparecer señales de mayor gravedad.

Entre ellas se encuentran una marcada palidez y cansancio debido a la disminución de glóbulos rojos, hematomas o manchas en la piel relacionados con la reducción de las plaquetas y una disminución importante —o incluso ausencia— de la producción de orina como consecuencia del compromiso renal.

Por este motivo, la vigilancia resulta especialmente importante para detectar los casos de manera temprana y reconocer posibles fuentes comunes de infección.

Cómo se busca detectar los contagios

El Síndrome Urémico Hemolítico es un evento de notificación obligatoria en Argentina. Cada caso es incorporado al sistema de vigilancia y puede dar lugar a investigaciones epidemiológicas, alimentarias y de laboratorio destinadas a establecer cómo se produjo la infección y si existen otras personas potencialmente expuestas.

En los últimos años también se modificó la estrategia para seguir las infecciones por STEC. La actualización del Manual de Normas y Procedimientos de Vigilancia y Control incorporó tres eventos diferenciados: SUH por STEC, diarrea por STEC e infección asintomática por STEC.

El objetivo es poder identificar la circulación de la bacteria antes y con mayor precisión, además de mejorar la investigación de sus posibles fuentes.

La estrategia contempla además la articulación entre los equipos epidemiológicos de las provincias, los organismos encargados del control de alimentos y el Laboratorio Nacional de Referencia de la ANLIS Malbrán. A esto se agregan sistemas de alerta temprana, capacitación de profesionales de epidemiología y bromatología y un seguimiento permanente de la información registrada.

Aunque los 73 casos notificados en 2026 constituyen el menor registro para este momento del año en una década, las autoridades sanitarias mantienen la vigilancia debido a la gravedad que puede alcanzar la enfermedad.

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