El trasplante de cabeza es ahora posible, ¿pero sería moral?
Fuente: Globedia
Sergio Canavero, director del Grupo de Neuromodulación Avanzado de Turín, ha asegurado en un trabajo publicado en Surgical Neurological International que se cuenta ya con la tecnología para realizar un trasplante de cabeza completo. Y propone hacer el primero en menos de tres años.
La mejor opción de “Alberto” era un trasplante de tejidos compuestos, es decir, contar con unos nuevos brazos que se conectarían por completo a su cuerpo a través del hueso, los músculos, los vasos sanguíneos, los nervios y la piel, da a casos hasta ahora desesperados, una lucecita de esperanza, tanto por la valentía y preparación e los cirujanos de La Paz como por la fe y el valor personal de “Alberto“. Los mismos que el Dr. surafricano Barnard para hacer el primer trasplante de corazón.
El trasplante de brazos efectuado por segunda vez en Europa ha suscitado interrogantes no sólo entre los médicos sino también entra los usuarios y aquí en la web nos han llovido preguntas. Hasta hubo uno que nos preguntó si era posible hacer un trasplante de cabeza.
El trasplante de cabeza es una operación quirúrgica. Implica el injerto de la cabeza de un organismo en el cuerpo de otro. No se debe confundir con otra operación quirúrgica hipotética, el trasplante de cerebro. El trasplante de cabeza implica decapitar al paciente. Aunque se ha ensayado en perros, monos y ratas, no se ha conocido ningún ser humano que haya sido sometido al procedimiento.
Hasta ahora ha sido el dominio de la ciencia ficción y películas de terror -, pero el monstruo de Frankenstein es un paso más cerca después de Sergio Canavero lo ha declarado posible y dispuesto a realizar el papel de Frankenstein y que las cámaras lo filmen.
Dado que la tecnología necesaria para volver a unir una médula espinal cortada aún no ha sido desarrollado, objeto de un trasplante de cabeza se convertiría tetrapléjico a menos que se desarrollaran las terapias adecuadas, sin embargo Sergio Canavero, miembro del famoso grupo de neuromodulación de Turín, en el trabajo publicado recientemente, Canavero afirma que las barreras tecnológicas por las que este arriesgado procedimiento no era factible hasta que el 14 de marzo de 1970, un grupo de científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad Case Western Reserve en Cleveland, Ohio, dirigida por Robert J. White, neurocirujano y profesor de cirugía neurológica realizó una operación altamente controvertida de trasplantar la cabeza de un mono en el cuerpo de otro inspirándose en la obra de Vladimir Demikhov.
El procedimiento fue un éxito, en cierto sentido, con el animal siendo capaz de oler, gustar, oír y ver el mundo a su alrededor. En la operación participaron arterias y venas cauterizadas con cuidado mientras que la cabeza estaba siendo cortada para evitar la hipovolemia. Debido a que los nervios se quedaron totalmente intactos, se conectó el cerebro a un suministro de sangre manteniéndolo químicamente con vida. El animal sobrevivió durante cierto tiempo después de la operación, incluso hubo momentos en que intentaba morder a algunos de los empleados.
Argumenta que avances en las células y los nervios de ingeniería genética significan que ahora pueden fusionarse teóricamente una médula espinal humana.
El primer intercambio de cabezas en primates, trasplantando con éxito técnico la cabeza de un mono Rhesus al cuerpo de otro, fue una aventura dolorosa
El que las barreras hayan sido superadas por el Dr. White es un dicho polivalente, sobre todo para la gente ajena a la técnica y las asociaciones protectoras de animales. El pequeño simio sobrevivió durante varios días, pero al no poder conectar la médula espinal a la cabeza, murió. El doctor Jerry Silver, de la Universidad Case Western Reserve, estuvo presente en algunas de esas operaciones y en sus memorias dice que no eran nada agradables. «Recuerdo que la cabeza se despertó», asegura Silver, «y su expresión facial era de un dolor terrible e insoportable. No me olvido tampoco de la ansiedad y la confusión que se podían leer en su rostro. Cuando los médicos intentaron alimentar al animal, la comida cayó al suelo, aunque no todas las versiones coinciden. Fue terrible. La cabeza siguió viva, pero por poco tiempo».
El dolor que experimentó el mono es algo en lo que Cavanero ya ha investigado. «Se produce cuando se secciona la médula espinal», explica, «y se llama dolor central. Es algo que no deberíamos desearle ni a nuestro peor enemigo».
Por eso, este obstáculo, la reconexión de la médula, es la piedra angular en la que se basa el trabajo de Canavero: «Cuando leí los recuerdos del Dr. White, me pregunté-recuerda el Dr. Silver- si lograría yo ser capaz de hacer un trasplante. Y comencé a interesarme en la regeneración neuronal.
La investigación en trasplantes de cabeza, que en realidad debería llamarse donación de cuerpo, ya que es la cabeza la que «recibe» un cuerpo nuevo y no viceversa, comenzó en la década de 1940, aunque los chinos anunciaron que había tenido éxito en el trasplante de la cabeza de un perro en el cuerpo de otro, dos veces. Información no confirmada. Pero sí se conoce el trasplante de una cabeza de perro en el GDR por Vladimir Demikhov, 13 de enero de 1949. En aquellos días, el científico ruso Vladimir Demikhov experimentaba con perros construyendo falsas quimeras, como canes de dos cabezas.
En total, Demikhov realizó más de 20 intervenciones de este tipo, con las que creó un terrorífico ejército de animales bicéfalos. Hoy, estos experimentos se consideran una aberración; pero gracias a ella se comenzó a investigar en otras técnicas de trasplantes. Este científico ruso, muerto en 1988, fue quien logró llevar a cabo el primer trasplante de corazón en un perro, en 1946, fue pionero en trasplantar pulmones en mamíferos, un año más tarde, y en 1953 realizó el primer bypass coronario.
El cirujano surafricano Christiaan Barnard, el autor del primer trasplante de corazón, conocía la «técnica Demikhov» y participaba de las dudas respecto a trasplantes
Esto permitió en 1967 al cirujano sudafricano Christiaan Barnard realizar por primera vez un trasplante de corazón en un ser humano. El propio Barnard reconocía que «si existe un padre de los trasplantes de corazón y pulmón, ese título lo ostenta, sin duda, Demikhov».
En 1986, George Bittner, del Departamento de Zoología de la Universidad de Texas, demostró que se podía restablecer la conexión entre las partes seccionadas de la médula utilizando polietilenglicol (PEG), un polímero que actúa como adhesivo. «Resultó una idea interesante, pero durante treinta años nadie se atrevió a escribir sobre eso“. Lo extraño es que en 2013 el antes mencionado doctor Silver reconectó la médula de una rata gracias a este pegamento. Así que, ¿obstáculo salvado? En absoluto. Para el propio Silver: «Aún estamos a años luz de poder realizar una intervención similar en humanos. Falta mucho para que consigamos unir todas las piezas de modo que el sujeto recupere finalmente la movilidad completa».
Canavero no está de acuerdo: «Desde hace 50 años sabemos que no es necesario reconectar todo el circuito nervioso para tener motricidad completa; basta solamente entre un 10 y un 30%. Nosotros creo que podemos reconectar hasta un 60%».
Otros avances parecían imposibles y… alguno se expresó así: «Lo creo factible, me caben pocas dudas… pero…»
Las afirmaciones de Canavero han generado, obviamente, mucho revuelo. Algunos, como el propio Silver, aseguran que es imposible. Otros, como Anthony Warrens, de la Sociedad Británica de Trasplantes, señalan que «conectar una cabeza a un cuerpo es un sinsentido hoy. Toda la idea es muy extraña». También, en España, las opiniones están muy divididas. Manuel Martín Loeches, profesor de Neurociencia Cognitiva de la Universidad Complutense de Madrid, asegura: «No lo veo nada descabellado, y en realidad el único dilema sería el de quién es el «titular» de lo que salga: ¿el dueño original de la cabeza o el del cuerpo? Voto por el de la cabeza, es lo único que vale de verdad para que haya un ‘yo’. Tengo mis dudas respecto a cómo enlazar el sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) con todos los nervios periféricos, pero tampoco lo creo imposible, hoy día, pues se ha hecho con los de las manos. Resumiendo: lo creo factible, me caben pocas dudas».
Por su parte, José Aguilera, director del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona, es ambiguo. Al principio, asegura: «Difícilmente se podría llevar a cabo una intervención así. La médula espinal es muy compleja y el resultado podría no ser bueno. O sea fatal.». Después lo piensa más despacio y añade: «Pero la verdad es que no podemos considerarlo inverosímil. Habría que ver el tema del rechazo de tejidos y cómo afectaría hormonalmente al comportamiento del nuevo cuerpo el cerebro».
Son muchos los científicos que ponen en tela de juicio que de verdad contemos con la tecnología para realizar este tipo de operaciones, que aseguran que es algo imposible y que estamos jugando a Prometeo y Frankenstein. «Hace poco más de un siglo», señala Canavero para explicarlo, «a los inventores hermanos Wright les decían que una aeronave que fuera más pesada que el aire no podría levantar nunca el vuelo. La historia de la ciencia según el Dr. Canavero está plagada de ejemplos de imposibles que se convirtieron en realidad».
Pero también de otros, como los coches voladores, los autobuses submarinos y los viajes en el tiempo, apenas pasan del cine de ficción. Aguilera intenta aclarar esta cuestión: «Muchas veces estas ideas se lanzan para obtener notoriedad o para avanzar hacia el futuro. Es como cuando Barnard hizo el primer trasplante de corazón; quizá avanzó demasiado deprisa, más que otros, ya que por muchos científicos sabíamos que se podía hacer».
La intervención completa requiere del trabajo de 100 profesionales médicos durante unas 36 horas y costaría unos 30 millones de euros. Aunque pueda sorprender, el tiempo necesario para reconectar cuerpo y cabeza es de apenas una hora. «Esto proviene de los conocimientos adquiridos por el doctor White en sus intervenciones», señala Canavero. «Y pese a parecer increíble, es más que suficiente. Igual que los 20 minutos que nos llevaría reunir las dos secciones de la médula. Claro, que es la parte más crítica de toda la intervención». Según el neurocientífico italiano, tanto los costes como el tiempo se irán reduciendo a medida que se progrese en nuestros conocimientos. «Inicialmente, un trasplante de hígado, confirma Canavero, duraba al principio unas 14 horas; ahora apenas se tardan dos”. Pero no es lo mismo un solo órgano que un cuerpo entero…
«El mayor obstáculo técnico a dicho esfuerzo es, por supuesto, la reconexión del donante de la médula espinal y del destinatario“, dijo. «Mi opinión es que la tecnología sólo ahora existe para ese vínculo“.
Se dice que el procedimiento de trasplante de cabeza sería similar a la utilizada en los experimentos anteriores.
Ambas partes se pondrían a dormir y la cabeza para ser trasplantado se enfriaron a entre 12C y 15C. Cirujanos tendrían una hora para eliminar las dos cabezas y vuelva a conectar la cabeza de trasplante para el sistema circulatorio del cuerpo del donante.
Naturalmente existen los problemas éticos pero será difícil plantearlos fríamente. Podemos curar enfermedades terminales, pero ¿deberíamos hacerlo siempre?
Esta técnica se ha propuesto como posiblemente útil para personas que ya son tetrapléjicos y que también sufren de fallos orgánicos generalizados que de otro modo requerirían muchas cirugías de trasplante diferentes y difíciles. La cuadriplejía puede ser una opción aceptable para enfermos terminales. No existe un consenso uniforme sobre la ética de un procedimiento de este tipo.
«Se argumenta que varias condiciones médicas hasta ahora sin esperanza podrían beneficiarse de dicho procedimiento“.
Pese a que el objetivo de un trasplante terminal es restablecer las funciones motoras en pacientes con condiciones médicas muy graves, como distrofia muscular progresiva, cáncer o tetrapléjicos con fallos orgánicos múltiples, Canavero señala que eso podría abrir las puertas a profundos dilemas éticos. «Hay mucha gente que sufre de enfermedades ahora incurables… Pero habría algunos pueden utilizar, la excusa como una forma de esquivar la muerte por medio de un cuerpo más joven. El problema será regular un procedimiento que no tenga el poder de dividir a la sociedad».
Desde el Comité Español de Bioética, el Dr. Manuel de los Reyes, uno de sus miembros más reconocidos, se niega a opinar porque, asegura, no tiene suficiente información al respecto.
Por suerte, José Aguilera da en el clavo: «Los científicos estamos preparados para este tipo de debates. La sociedad no lo está. En el mundo hay miles de científicos experimentando con sustancias peligrosas y no pasa nada. Yo he trabajado con un neurotóxico que podría haber matado a toda la población de Barcelona. Eso no significa que lo usemos. Pero la sociedad necesita conocer este tipo de dilemas». Y a la luz de la velocidad a la que se puede acercar estos logros, no van quedando dudas de esa necesidad.
Cavanero reconoce que aún no ha progresado más debido a la falta de fondos. Pero esto se podría resolver muy pronto, confiesa, ya que el Proyecto 2045 ha contactado con él. Esta iniciativa del millonario ruso Dmitry Itskov pretende crear tecnologías que nos permitan transferir nuestra personalidad a entidades no biológicas y volvernos eternos. «Me han invitado a Moscú a exponer mis ideas», señala Canavero, «para hablar de la posibilidad de darme fondos y poder así continuar la investigación». La primera etapa del proyecto 2045 concluye el año que viene. Quizá entonces ya sepamos si los trasplantes de cabeza son una realidad o un recurso más para la ciencia ficción.
