Entre la economía y la medicina, cómo no matar de pobreza a quienes salvamos del coronavirus


La primera consecuencia de la pandemia es un gran número de enfermos, más de dos millones ya en todo el mundo, y de muertos, más de 130 mil. Como derivado de la situación global se prevé una crisis económica peor que la sucedió al crack financiero de 1929.

Por Dr. Daniel Cassola

Tanto la Argentina como el mundo atraviesan una coyuntura en la que se debe encontrar un balance entre dos problemas: la pandemia y la economía. A grandes rasgos, las medidas restrictivas, desde el punto de vista sanitario, parecen tener mejores resultados. Pero la cuarentena no puede durar indefinidamente porque si no el remedio se va a tornar más dañino que la enfermedad.

Algunos líderes mundiales decidieron subestimar a la pandemia y quedaron en rídiculo. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, pasó de decir que estaba “todo controlado” a anunciar que, por lo menos, el coronavirus se llevará la vida de 200 mil norteamericanos. Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido, intentó lo que se llamó el “modelo inglés”, esto es, solo resguardar a los grupos de riesgo y continuar con la vida normal. A las pocas semanas debió cambiar por completo su discurso y sus medidas, ingresó tarde en la cuarentena y hasta él mismo estuvo internado en terapia intensiva por coronavirus. Por último el presidente de Brasil Jair Bolsonaro negó la importancia de la enfermedad y hoy, además de ser el país de la región con más contagios y muertes, su continuidad como presidente pende de un hilo.

El “negacionismo”, por llamarlo de alguna manera, no ha funcionado. Del otro extremo podríamos ubicar la mirada de quienes solo ven el problema sanitario. Hoy se publicó un estudio de la Universidad de Harvard, en el que se sugiere que, por lo menos hasta 2022, debería haber períodos de cuarentena obligatoria para evitar el colapso de los sistemas de salud. Pero, al ritmo de destrucción económico actual, en 2022 la pandemia quizás sea la menor de las preocupaciones.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé, luego de la pandemia o desde ahora, la peor crisis económica global desde la Gran Depresión en los años 30 del siglo pasado. En Estados Unidos y Europa los estados han decidido pagar parte de los salarios de los trabajadores de empresas privadas. En Argentina el gobierno nacional evalúa medidas similares para mayo. ¿Pero cuánto pueden aguantar los Estados el peso de una economía que se desintegra?

Estamos en una encrucijada que ya excede lo sanitario. “La dramática desaceleración económica que ya está en marcha interrumpirá los flujos comerciales y creará un desempleo que causará daños a niveles difíciles de predecir y difíciles de contemplar”, dice hoy un editorial del New York Times. Si está en jaque la economía de las potencias mundiales, ¿Qué se puede esperar para Argentina?

Hoy no hay una respuesta que satisfaga todos los interrogantes. En algún momento se va a aprobar un tratamiento para el coronavirus, se va a conseguir una cura o una vacuna. Cuando la pandemia pase a ser un problema de segundo orden, la economía estará ahí, emergiendo como nuestro principal desafío.

Así como quienes negaron la enfermedad como tal hoy pagan las consecuencias, habría que evitar las consecuencias de menospreciar los próximos problemas que vamos a tener que enfrentar. Más pobreza, más desempleo, en nuestro caso más inflación, están en el horizonte cercano. Negar la situación, no pensar soluciones, solo concentrarnos en números de contagios y muertos, solo va a llevar que eludamos un problema para adentrarnos en otro más severo.

Si no encontramos un balance entre sanitarismo y economía, puede que salvemos a la población del coronavirus para sumergir a más personas en la pobreza, de la que también es muy difícil salir.

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